domingo, febrero 10, 2013

Buco, otra vez



El rock peruano es un tema harto sensible, del que muchísimos se han llenado la boca, cuando en realidad ninguno le ha dedicado la debida importancia que demandaba. No es lo mismo ser un especialista en artículo que uno en largo aliento, puesto que si hay algo que indefectiblemente notamos en Demoler y Se acabó el show es la envidiable dimensión de trabajo de Carlos Torres Rotondo –Buco en adelante.

Pues bien, las comparaciones entre ambas publicaciones vienen al caso, pero estas tienen que abocarse a señalar sus grandes diferencias, no su contenido valorativo, puesto que en Demoler se hablaba de nuestra primera escena rockera, la comprendida entre 1957 y 1975, al punto que se llegó a decir, y al respecto no creo que haya duda alguna, y sin ánimos chauvinistas, que el mejor rock que se hacía en Sudamérica era el de estas tierras. Se trataba de un libro, bajo ciertos matices, enteramente musical.

Ahora en Se acabó el show. 1985, el estallido del rock subterráneo (Mutante, 2012), Buco pone sobre la mesa a toda una generación, generación que vivió la década más complicada y sangrienta de la historia del Perú contemporáneo. Generación de la desazón, la desesperanza, el exilio y el frenesí. Una generación que lo tenía todo para perder, pero una facción de esta, sabiendo que iba a perder, se lanzó a la realización de una utopía: la música de la furia. Había que gritar, la única opción. Y hubo mucha gente a la que le gustó esta propuesta que sintonizaba con lo que sentía, propuesta que también se hizo presente en otras manifestaciones artísticas. No era para menos, todos estaban inmersos en la misma mierda.

Se acabó el show presenta algunas trampas, placenteras e intelectivas, por cierto. Y la mejor manera de disfrutarlo no es asumirlo como un libro, sino como un documental. ¿Libro objeto?, se preguntara alguno. (Llámalo como quieras, potencial lector.) Lo que sí tengo en claro es que el formato en el que se nos narra el estallido del rock subterráneo era el idóneo. Durante el proceso de su lectura, tenía la sensación de estar ante una narración en 3D, como golpes canábicos en medio de la frente que enriquecían los testimonios de los casi cincuenta personajes convocados, convocados a quienes no les interesa quedar bien con la verdad de la historia oficial –fácil es hablar de la historia oficial desde la distancia – sino con su verdad, verdad mezquina, ególatra e irritante, pero que guarda relación con la violencia emocional que los llevó a hacer no poco, puesto que en medio de las discrepancias y chismes y los pocos recursos, se llegó a formar un circuito en donde la música venía repotenciada con el voltaje lírico de sus letras. No había pues espacio para lo fino y bien trabajado. La gente quería poguear y sacarse la mierda pogueando y olvidarse que vivían en un país que no les ofrecía absolutamente nada, salvo frustración.

Lo que es evidente es que la presente publicación se hubiera visto mermada en el formato de libro que conocemos. Los recortes de prensa, afiches de conciertos, fotografías, manifiestos y demás, no son elementos aditivos de la historia, no juegan al efectismo, son más bien parte del discurso central, discurso en donde el zurcido invisible de Bucco es no menos que magistral, llevando a buen puerto la negación de su voz –que vimos en primera persona en Demoler− en pos de una presencia ausente en cada testimonio, testimonio coral, en especial en aquellos grupos que alimentan y retroalimentan a la primera camada de rock subterráneo: Leuzemia, Narcosis, Guerrilla urbana, Zcuela cerrada y Autopsia.

En los últimos años viene creciendo el interés por la historia del rock peruano. Son cada vez más las personas que no solo lo consumen, sino que también leen sobre el mismo. Pero los registros textuales eran pocos, por decir algo. Y en esa escasez de textos, abundaban los que se escribían por el mero hecho de cumplir, reflejado en laxas investigaciones, o sea, poca ambición por parte de sus especialistas de turno. Se hacía necesaria la presencia de un escritor que no solo sea un intelectual, sino también un comprometido con su tema. Y para bien de todos, ahora lo tenemos.

Ese es Buco, ¿quién más?

Lo que ha hecho este autor es impresionante y me alegra que seamos testigos directos de su proeza, porque lo que logró solo lo logran los elegidos: Buco escribió Demoler y editó/escribió Se acabó el show, es decir: la tradición del rock peruano.

No se diga más.

6 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

sin duda hay mucho talento pero emergency blanket y charly parra del riego, a mi gusto, me parecen lo mas interesante del rock peruano actual. Parra es ESPECTACULAR con la guitarra.

11:41 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

??????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????

10:51 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Pues no sé qué significa precisamente ese signo de interrogación pero ya que trataste el tema del rock peruano y sobre la gente muy talentosa que constituían este movimiento rockero se me vino a la mente la gente que hace rock hoy. Repito, parra del riego es, a mi gusto, si no el mejor guitarrista de rock de Sudamérica por lo menos del subgénero metal/rock. Y no soy el único que cree eso aunque en esto felizmente – sería muy aburrido- no existe un consenso (algunos no les gustara Slash, otros Becker, otros Vai…)
https://www.youtube.com/watch?v=OMslo-z_mUM

salu2

12:58 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Hola, anónimo
Los signos de interrogación obedecen a mi desconcierto, ya que tu comentario no se ajusta al contenido del post. El libro del que hablo, trata de lo que se hizo en los ochentas. Y de hecho, hay gente que hace buen rock hoy y sé que tarde o temprano se hará un libro de esta escena. Saludos-
G

1:23 p.m.  
Blogger . dijo...

Hola Gabriel,
Llegué a tu blog de casualidad, esta nota está muy interesante. Solo una precisión. El libro ha sido co-editado por Carlos Torres Rotondo y Mutante, empresa que también se encargó de la dirección de arte del libro.
Un abrazo,
Nadia

5:41 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

Tienes razón. Este libro es también el reflejo de la responsabilidad con que la gente de Mutante llevará sus próximas ediciones.
Saludos
G

7:10 p.m.  

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