miércoles, agosto 14, 2013

De culto - "Generación Cochebomba"



Minutos antes de la presentación de Generación Cochebomba.
Buco: G, no es la primera vez que estamos en una mesa de presentación.
G: Así es.
Buco: ¿Entonces cómo es ahora?
G: No hay problema, yo arranco. Improvisaré, a lo mejor mi texto se parece al tuyo. La lectura sobre el libro de Guachón y las lisuras son tuyas.
Buco: Me parece bien.
El texto que leerán a continuación, es el que preparé y no pude leer.
La presentación tuvo lugar en la sala Blanca Varela de la FIL, el segundo sábado ferial a las 2 de la tarde. Pese a que el horario no fue para nada el mejor, debo decir que la sala se llenó de tope a tope.


Ante todo, me siento honrado de presentar la segunda edición de la novela Generación Cochebomba de Martín Roldán Ruiz.
No podría estar tranquilo si no felicito públicamente al editor del sello Colmena Editores, Armando Alzamora, quien con este primer título se ubica como un hacedor literario en franca proyección. Armando es un voraz lector y ese detalle para mí es más que suficiente. Necesitamos editores que lean, no impresores preocupados en los avances de las sumas de la calculadora. Solo te pido, querido Armando, y más allá de la amistad que nos une, que no te vayas por el mal camino. Cuida el catálogo de tu sello como si fuera tu propio hijo.
Se supone que el ambiente de esta celebración tiene que ser total, pero no, no lo es. Más allá de la presente reunión, no podemos pasar por alto el contexto en el que se realiza, la Feria Internacional del Libro, en donde se ha homenajeado a un personaje nefasto para la cultura y la reciente memoria histórica peruana, la señora Martha Meier Miró Quesada. Espero que no se sigan dando más homenajes como este en el futuro, homenajes en donde priman las devoluciones de favores y no el reconocimiento a nuestros verdaderos escritores y gestores culturales.
Esta historia empieza en una noche de otoño del 2007. Me dirigía al bar De Grot, en el centro de Lima. Horas antes, el entonces poeta Armando Alzamora me había dicho que en el bar se llevaría a cabo una charla sobre una novela que daba cuenta de la movida subte de los ochenta. Me encontré con Armando, quien me presentó a Martín. Por esas cosas que solo la noche puede deparar, no pude quedarme en la charla, pero me fui con un ejemplar de Generación Cochebomba.
Recuerdo el libro, su hechura modesta, su diseño y diagramación a los que faltaba cierto toque de fineza si la comparamos con los diseños y diagramaciones de otras publicaciones de las nuevas editoriales de entonces. Mas su modestia exhibía una violencia estética que denotaba una consecuencia entre la novela como objeto y lo que había en sus páginas.
La leí en una sola noche, de madrugada. Una lectura que fue todo un viaje a una década que no viví, una década de la que solo sabía teñida de horror y bombazos. Lo primero que pensé al terminarla: estaba totalmente seguro de que al libro le iría bien, que tendría no pocas reseñas. No era para menos. Si cartografiamos la novela en el contexto en que salió, un contexto en que imperaba la onda metaliteraria y en el que más de un desubicado había firmado la muerte del realismo como el tronco mayor de la tradición narrativa peruana, Generación Cochebomba era una vuelta a lo mejor de nuestra tradición contemporánea, un tributo acrisolado a Vargas Llosa, Congrains, Reynoso, Gutiérrez, Jara, es decir, a los que han escrito desde las aceras, pistas, desde la suciedad de nuestras calles, sin alejamiento de la visión política de la realidad representada. Es que no nos hagamos problemas: la novela de Martín exuda política, y de la más temible, la política del desconcierto de los jóvenes que no sabían qué mierda hacer con sus vidas, de jóvenes que vagaban por las calles en busca, sin buscar, de algo que al menos les justifique la razón de tanto mataperreo.
Este libro es el reflejo “stendhaliano” de un sector de la juventud peruana de los ochentas, juventud que no tuvo otra opción que buscar un refugio, del que sea, formando involuntarios grupos humanos, en los que por el afán de pasarla, y sin ningún tipo de conocimiento en música, decidían formar bandas de rock de garaje, bandas de rock de garaje que recorrían a pie los más inhóspitos huecos de cemento del centro de Lima y alrededores, haciéndolo con alegría agresiva, sabiendo que más temprano que tarde serían protagonistas del pogo, de la pendejada nocturna mientras corrían de las batidas, cochineando a las mujeres, putas, keteros, maricones y demás que encontraban en la inesperada pero también esperada retirada a lo bestia. Hablemos también de la presencia de Sendero Luminoso en estas páginas, una presencia que se mostraba como solución a un país que se desbarrancaba gracias a la bestialidad del Apra y la incapacidad e inmoralidad del presidente García. No había otra opción más viable, más aún para jóvenes que al ver que no tenían la más mínima oportunidad de “ser” y “hacer algo” en la vida, miraban como una natural solución integrar un grupo armado, por ejemplo: uno de los tantos protagonistas de la novela titubea si seguir en su banda o enrolarse en las huestes terroristas.
Líneas arriba hice alusión a lo que esperaba de la novela. Y no exagero: cada semana estaba atento a los periódicos y revistas, creyendo que encontraría alguna reseña o nota sobre la publicación. Pero nada. Nuestros críticos literarios ya estaban dando muestra de lo que ahora es una certeza: su injustificable inutilidad, su ociosidad para buscar libros, limitándose solo a lo que les llega a la oficina o la casa, su carencia de sensibilidad para detectar la frescura de una propuesta, que en el caso de Martín no es nueva, sino deudora de una corriente realista, como ya indiqué. Estamos pues ante un libro que ha sobrevivido a la década anterior, ha sobrevivido con Nuestros años salvajes, Punto de fuga, y, alejada de esta onda realista, Casa de Islandia, y claro, algunos títulos más que por tiempo no puedo citar.
Escucha, oyente/lector: Generación Cochebomba es una novela de culto. Su legitimidad vino de la mejor manera: del boca a boca del lector. La primera edición es hoy por hoy inubicable, una rareza, un objeto de obtención para fetichistas. Yo he sido testigo de esta fiebre Cochebomba, que no solo se limitaba a lo literario, sino también a otras disciplinas, como las ciencias sociales. ¿Les hablo de las tesis que se han hecho y se están escribiendo de la novela? Mejor no, veo a muchos escritores aquí y no quiero ser responsable de un suicidio colectivo. No hay nada peor para un escritor que el ego maltratado.
¿En qué radica la referencialidad de esta publicación?, me pregunto. Y me respondo: su importancia yace en que Martín la escribió con las únicas armas que debe exhibir y dominar todo creador: su honestidad y sencillez en la ejecución de sus recursos. Para hacer Literatura, no necesitas escribir bien. Escribir bien es algo que cualquiera puede aprender. Literatura es nervio, el nervio que tensa el lenguaje, lenguaje en tensión que sobrepasa la primera impresión y que se cuela en la sensación del lector, una sensación permanente que solo contadas plumas pueden lograr. Terminas de leer la novela y te dan ganas de buscar a Martín con un martillo para romperle la cabeza y buscar en su cerebro el vericueto que nos lleve al Backstage de su memoria.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Generación cochebomba es un libro que me marcó cuando lo leí por primera vez. Tengo la primera edición y me vaciló no solo por las referencias musicales, sino por una afinidad cronológica y esa manera de tomar noticias de la época (motín del Sexto, el Petiso, entre otras) y novelarlas. Aún no leo la segunda edición, pero la primera sí que necesitaba pasar por un corrector y editor con urgencia.

Saludos

ET

9:11 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Aparte de tu deseo de escribir llamativamente (backstage, etc) no le veo “raison d’être” a tu término “stendhaliano”; en Stendhal había ambición, luego proyecto de vida y es muy distinto que le salga el tiro por la culata y se joda el personaje a que ande perdido y con titubeos de “no sabía(n) qué mierda hacer con su(s) vida(s)”.

11:36 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

bueno, mi texto, obviamente, parte de la lectura de gc; en este sentido tendrías que conocer la novela y así me darás o no la razón, a menos que ya la hayas leído. saludos. g

12:20 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

y cuanto cuesta y donde lo puedo comprar, amigo

11:35 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

la novela la puedes encontrar en las principales librerías, como Sur, El Virrey de Lima, y también en Selecta Librería.
G

1:35 a.m.  

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