domingo, agosto 24, 2014

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Se pone de moda entre los intelectuales y artistas peruanos apoyar las supuestas causas justas.
Muchos de estos intelectuales hablan de la realidad inmediata como si existiera un compromiso pragmático de su parte. Lamentablemente, conozco a muchos de ellos, se hacen llamar luchadores del bien, o dan a entender esa imagen en las tribunas tradicionales y virtuales, cuando lo cierto es que en la intimidad amical, y últimamente en al tramo final de una noche desaforada de alcohol, dicen su verdad, esa verdad que cuidan tan bien, esa verdad que no vende y que como tal les significaría un suicidio mediático.
Así es, la ciudad de Lima necesita de una reestructuración en su logística, logística que durante muchos años ha sucumbido a las leyes de la oferta y la demanda. Esta logística, hoy por hoy recargada, pretende brindarnos nuevas alternativas que nos permitan soportar el infierno que es habitar esta ciudad.
Bien saben los lectores del blog que este servidor no apuesta por una ideología determinada. Ante todo me considero librepensador y en base a ello me siento libre de no caer en las estrecheces de miras de la derecha e izquierda peruanas. Hace mucho tiempo cuestioné los peligros y destaqué los aciertos de la derecha e izquierda y opté por un refugio en el que no tenga que hipotecar mi consciencia. Aunque claro, si viviera en un país normal, con un relativo aire de decencia en cada uno de sus centros de opinión ideológica, me iría hacia la izquierda.
Ocurre que la pose, ignorancia y, muy en especial, la doble cara de la intelectualidad de nuestra izquierda la pinta por cada uno de sus lados. Lo que busco en ella no es solo discurso ideológico, busco  praxis, coherencia, ética, tanto en lo colectivo como en lo privado. Para bien o para mal, conozco a más de un líder de opinión de la zurda y de todos ellos puedo decir que son muy bacanes para la conversa y el hueveo nocturno de fin de semana. Me he convertido en un asqueado testigo de su flojera, improvisación, malhabladuría, detallitos que los manifiestan en su función pública, función que pretende sentar las bases de aquel gran cambio que le urge a la ciudad, callando, porque conviene, sobre el costo social que trae consigo ese gran cambio. En otras palabras, les importa poco o nada el costo social de los que menos tienen, de los que solo viven el día a día, de esa gente que tanto dicen defender.
A uno de ellos le pregunté si se dieron el trabajo de investigar, cosa que así se percataban del costo social en la reordenamiento del transporte. La respuesta no fue menos que risible, pero el idiota lo decía con una seriedad y convicción que he decidido alejarme de esta persona por salud mental y moral.
Pero lo que más me aterra de esta gente y su capitana, la burgomaestre, y peor ahora que se van a la reelección, es su evidente racismo, que bien haríamos en llamarlo racismo zurdo, que lo notan también sus eufóricos simpatizantes, que no sé por qué callan.
Cuando me preguntan por quién voy a votar, no me hago problemas, y no es que vaya a votar, porque para estas elecciones me quedaré durmiendo en casa, sin pensar en quién ganó, tranquilo conmigo mismo, porque por la racista e hipócrita y mentirosa Susana Villarán no pienso votar, así se pinte como la única alternativa decente.

3 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Suscrito tus palabras.

Saludos.

Rafael Inocente

10:57 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Susana le ha hecho mucho daño a la izquierda con su ineptitud e improvisación. Mi voto es por huevo duro

8:07 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Eres uno de los estudiosos de Literatura más respetados del medio. Pero, más allá del cúmulo de crudas verdades que disertaste en esta entrada, si uno no milita activamente, puede caer en el insustancial solipsismo. Un consejo hasta de un conejo.

Dante Morales.

9:26 p.m.  

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