jueves, septiembre 11, 2014

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Habría que ser una bestia, un subnormal, para no apoyar la Reforma del Transporte.
Ahora, si la Reforma es buena o mala, no es el punto.
El meollo del asunto es su pésima ejecución.
A este blogger nadie le va a venir con cuentos y doy gracias porque me gusta caminar, porque si dependiera de esos buses azules que recorren tres de las principales avenidas de la capital, sin duda ya me habría enfermado, enfermado del alma. Porque eso es lo que genera esta "reforma", enfermar a la gente, sumarle un problema más a sus problemas diarios. Si el problema era trabajar para el día, ahora tendrán que sumar un problema más, que se vuelve prioritario, porque de nada les sirve trabajar para el día si es que no llegas a tiempo a tu centro de labores. Puedes llegar tarde una vez, pero a la tercera ya empiezan a mirarte feo, a sugerirte que busques otra alternativa más cerca de tu domicilio.
Hace más de una semana dije que la gente detrás de la hechura de esta "reforma" no se preocupó en el costo social que esta traía. Se suponía que los impulsores de la reforma eran personas con un abierto compromiso social, pero ya vemos en qué yace ese compromiso, prácticamente le meten el dedo a los que menos tienen. Por eso digo lo que digo de esta gerencia zurda, que aparte de ineficaz, es tan mentirosa y racista como su mandamás Susana Villarán.
La consigna fue llevar a cabo la "reforma" a lo bestia, hacer el cambio de una buena vez cueste lo que cueste, y siempre le cuesta a los que menos tienen. Por eso me río, porque solo queda reírse, de algunas preclaras voces del pensamiento virtual, que destacan esta "reforma", cuando lo cierto es que el mundo se les acaba en la intersección de la Arequipa con Javier Prado.

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