miércoles, abril 15, 2015

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Recién hoy martes en la tarde me entero del precio de las entradas para el partido de vuelta de las semifinales de la Copa Inca. 
Los barristas blanquiazules tendrán que pagar ochenta mangos si quieren ir a la tribuna sur del Miguel Grau del Callao. Los barristas, la gran mayoría gente de barrio y eternos adolescentes de base cuatro, se quejan con justa razón. Hay razones para protestar contra lo que es un atropello, pero tampoco es para tanto. 
Prefiero que Alianza pase a la final con el estadio en contra, o en todo caso vacío. Así es más épica la cosa, así se podrá hablar con autoridad en el futuro. 
Por ejemplo, recuerdo la final del campeonato del 2001, el año del centenario. Alianza campeonó en Cusco con todo el estadio en contra, también el clima le jugó mal al equipo de Herráez. 
Ocurre que yo creo y respeto la tradición, en todos los ámbitos. De paso, soy un convencido de la trayectoria. Alianza la tiene y no entiendo el por qué de estas campañas de sus barristas. Si un barrista puede ir, que vaya y aliente. Si no, que aliente desde fuera del estadio. 
Alianza, en los momentos más crudos, ha sabido sacar esas cosas que llamamos sangre y corazón. Lo que mejor sabe es jugar en contra, y no lo digo yo, lo dice la historia, muchacho. 
¿Por qué preocuparnos por la jugarreta de la San Martín? 
Este equipo, del que alguna vez escribí un pequeño libro de su historia institucional, hace pues cuatro o cinco años atrás, no tiene historia porque los cagones no hacen historia, así de simple. 
¿Qué le puedo decir a un potencial hincha de la San Martín sobre la génesis de su equipo? ¿Acaso que compró la categoría? ¿Que ganó su derecho de estar en primera porque le compró la categoría a un equipo que había ascendido? ¿De qué épica le puedo hablar? ¿De qué historia cuando no tiene historia?

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