jueves, septiembre 24, 2015

360

Creo que vengo teniendo lo que necesitaba: una limpieza interior del mundo virtual, la cual no he buscado, sino que esta situación se me presentó porque ya no funciona el Olo, que me perjudica en la ventas con el POS, pero como soy hombre de soluciones, sé de dónde jalar señal para cuando alguien quiere pagar con tarjeta. 
En estos días he podido terminar la lectura de seis libros y he escrito mucho a mano. A excepción de estos posts y de algunas reseñas, todo lo demás lo hago a mano, lo más probable es que me sienta muy apegado al seseo de la punta que desparramaba en el papel tinta líquida. Eso, solo gusto, sin ningún afán de publicar, aunque desde hace unos días me vienen insistiendo en que publique mi novelita El cachorro sentimental. Pero en fin, veremos cómo se presenta la situación. No me apuro, nadie en el mundo está pendiente si un escritor va a publicar o no. Sé que lo que digo va a sonar duro, pero es la verdad, nadie está pendiente de lo que un escritor vaya a publicar. 
Al llegar a casa, me pongo a hacer los apuntes respectivos para la conversa que mañana tendré con Susanne en El Virrey de Lima. La lectura de su libro, que en verdad no sé si llamar o cuentario o conjunto de tres novelas cortas, me ha dejado muy satisfecho en cuanto a la narrativa que viene construyendo la autora. Además, me permite afianzar más la impresión de que son las mujeres, sus poéticas, las que no devuelven a ese primer hechizo que sentíamos de adolescentes al buscar una historia en nuestras lecturas.  Historias, que no sé a cuenta de qué estamos descuidando últimamente. A lo mejor la esperanza en la narrativa peruana esté precisamente en lo que vayan a hacer o estén haciendo las mujeres.

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