miércoles, octubre 07, 2015

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La mejor manera de llegar a cualquier punto del norte de Lima es por medio del Metropolitano. Ni pensar en hacerlo con el taxi, ni en el transporte público, a menos que seas suicida. En esto pensaba en la tarde de ayer mientras hacía algunos apuntes de lo que sería la charla sobre crítica literaria en los 2010 que dirigiría en una de las actividades de Felino. 
Sin esperarlo, el transporte se me había presentado como un problema. Se suponía que saldría en plena hora punta para llegar a la feria en plena hora punta. Todavía debía terminar algunas cosas, así que me apuré y una vez terminadas fui a la estación del Metropolitano de Alfonso Ugarte. En el trayecto, me pareció ver a uno de los integrantes de los Zepita Boys, bueno, uno que no es del todo un Zepita, pero que hace méritos para serlo. Logré ver a “Cachetada nocturna”, a quien casi paso la voz, pero preferí seguir mi ruta. 
La espera no fue muy larga y tuve que ingeniármelas para entrar a uno de los buses que literalmente estaba repleto. Me acomodé y lo que me gustó fue que llegué en diez minutos. Me bajé en la estación del Metropolitano en Tomás Valle de Túpac Amaru. Estiré la pata hasta la feria y como llegué más temprano de lo que pensaba, la mesa de crítica literaria marcaba para las ocho en punto, me puse a recorrer los stands de la feria, en los que pude ver a algunos amigos y conocidos, que me decían que la cosa iba lenta pero que se sostenía por horas. 
En verdad, me alegra que una feria del libro se desarrolle en lo que llamamos Lina Norte. No hay que pensarlo mucho, estoy convencido de que con los años esta será una de las ferias más importantes del país. Solo hace falta que los gobiernos municipales tengan voluntad política, o sea, que ofrezcan una apuesta férrea y continua sobre la promoción de la lectura. La lectura como tal, dejando en segundo lugar las demás manifestaciones culturales, no porque sean menos, sino porque únicamente la lectura es lo que va a salvar a una zona importante de Lima a la que se le asocia con el baile y la oferta culinaria. 
Faltando pocos minutos para las ocho, caminé a la sala Martín Adán, en el trayecto vi algunas cosas curiosas, por ejemplo, a un editor, que me miraba asado, bueno, este huevas siempre me mira asado, y lo único que hago es reírme, de la misma manera que hago con su socio pequeñín. También, y ahora no es broma, a “Cachetada nocturna”, con el cel pegado a la oreja, reportando lo que sería la conversa sobre crítica literaria en los 2010. Decido acercarme para saludarlo, pero “Cachetada” se lleva la mano derecha a la cabeza y hace el ademán de ir al baño y dejo que vaya en paz a su destino natural.

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