martes, enero 22, 2013

El documental del gonzo




 

Con la muerte del escritor gringo Hunter S. Thompson (1937 – 2005), la literatura de no ficción perdió a uno de sus más grandes referentes. El periodismo gonzo dejó de existir, el periodismo gonzo era él, su principio y fin. Los demás: solo patéticas caricaturas de malditismo impostado.

El gonzo, tal y como le gustaba que le llamen, llevó una vida signada por el exceso y el constante quiebre de los límites, exceso y quiebre que también se reflejaba en su escritura, nutrida por un vesánico estilo con el que dio cuenta de los años más revoltosos y salvajes de la juventud estadounidense sesentera y setentera.

Cuando se supo de su suicidio, la noticia no sorprendió a nadie; por el contrario, muchas de sus amistades y seguidores de su obra  sabían que su decisión había estado pautada, durante decenios, por una inexplicable dilación, en una especie de intermitente coqueteo tanático.

A tres años de su muerte, el autor de los imprescindibles Miedo y asco en Las Vegas, La gran caza del tiburón y Los ángeles del invierno, tuvo por fin su documental, documental llamado a ser definitivo, el carpetazo final a las habladurías sin fundamento que giraban sobre su vida.

Gonzo: The Life And Work Of Dr. Hunter S. Thompson (2008) es una obra que cumple con las expectativas. El director Alex Gibney, sabedor de las trampas que significa caer en la ruleta del anecdotario, hace lo más inteligente: centra su trabajo en los años de plenitud vital, literaria y periodística del gonzo. No pudo hacerlo mejor, puesto que es precisamente en esa etapa de rebeldía en la que cimentó su fama (leyenda negra) y poética, una actitud ante la vida que por más que intentó, no pudo igualar después. En medio de tanta revuelta, su figura resultó descollante y su manera de reportear influyente para varios compañeros generacionales. Al respecto, nos topamos con el testimonio de Tom Wolfe, iluminador y tributario, al punto que declara que sin Los ángeles del infierno, jamás hubiera escrito el que considero una de las piedras angulares del nuevo periodismo: Ponche de ácido lisérgico.

El ritmo narrativo empleado por Gibney nos recuerda al vértigo literario de su protagonista “ausente” y la excelente y sentida lectura de Johnny Depp se enriquece con las imágenes de archivo del gonzo. Ni qué decir del buen oído (gusto) del director, puesto que la banda sonora es en sí misma otra protagonista, las canciones son idóneas, reflejan el espíritu de época, destacando por sobre todas el “Spirit in the Sky” de Norman Greenbaum.

A pesar de algunas incoherencias de contenido, como el amorío de Thompson con la cantante de Jefferson Airplane, Grace Slick, pero consignando en imágenes el “It´s no Secret” con Toly Anderson, el presente documental no solo tiene el poder de contagiar interés en quienes recién conocen a Thompson (imperdonable a estas alturas), sino también la de afianzar conciencias y cimentar vocaciones. Para qué más.

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