martes, junio 30, 2015

pequeña aclaración a Diego Trelles Paz

Hace unas horas se publicó en Lee por gusto un artículo mío sobre las antologías Selección peruana 2000 – 2015 y El fin de algo
No era una reseña, sino un comentario sobre las listas de autores que dan forma a estas antologías, como también un llamado de atención a la frivolidad, mentira y corrupción que encierra una de ellas.
¿Cómo conseguí la lista de una de las antologías sin estar aún publicada? Pues fácil: me la pasó la trampa del amigo del sobrino de un autor estafado del tío de la firme del primo de uno de los autores seleccionados. Ergo: muchísima gente conoce los nombres que integran esa antología. Eso pasa cuando no se manejan las cosas en silencio, en clara señal de seriedad de trabajo. A veces puede más el flash, el afán de figurar a lo bestia. Por eso pasan estas cosas.
La verdad. No fue mi intención dinamitar tantos egos juntos. A lo mejor, algunos escritores pensaron que, como están en buenas migas conmigo, iban a ser considerados al momento de nombrar a los autores más relevantes que deben estar presentes en cuanta antología se haga sobre la narrativa peruana última. Por eso reaccionan como reaccionan, mandan a sus payasos matones a hacer su función. Tan duro ha sido el golpe, están tan perdidos en la ciénagas del ego que no se han percatado en la corrupción que se denuncia en el texto. Es que ese es el tipo Escritor Peruano Siglo XXI: "si la pendejada, la mentira, el robo, la componenda, no afectan la difusión de mi nombre, y tampoco la difusión de mi libro, no pasa nada, seguimos haciendo patria".
Por otro lado, sé que tener una opinión propia en este país es un acto suicida. Muchos escritores cuidan sus palabras al hablar de la obra de otro escritor, con mayor razón si este ejerce alguna clase de injerencia en la academia y en los medios. Lamentablemente, no puedo cambiar de discurso, las opiniones que leen aquí son las mismas que tengo con las personas con las que me cruzo. Si hay que pagar un precio por mantener la opinión propia, pues lo pago y no me hago problemas. 
Volviendo al texto publicado en LPG, a razón del mismo Diego Trelles Paz se ocupa de mí en su cuenta de Facebook. Como no me gusta entrar en polémicas en las redes sociales, más que nada porque no tengo tiempo para estar atento a los comentarios y porque prefiero usar ese tiempo en leer, voy a aclararle algunas cosas a Trelles en este post. A ver si de una vez por todas nos entendemos. 
Pues bien, me alegra que esta vez lo haga de manera frontal y no como lo estaba haciendo, hasta hace no mucho, con mis amigos y conocidos, hablándoles mal de mí por medio de mails e Inboxs de Face. Escueleando como bueno cuando en realidad este hombrecito no tiene nada de qué escuelear. Todos estos amigos y conocidos, que deben ser una treintena, me revelaban un síntoma: “tú, Gabriel, eres la obsesión de Chibolín”. Bueno, a Trelles se le conoce en estos predios como Chibolín. 
Al respecto, no me agrada para nada ser la obsesión de una persona a la que medio mundo llama Chibolín. Alguna vez a Trelles lo llamé Chibolín y me arrepiento de ello porque era una afrenta al verdadero Chibolín. Bueno, el parecido físico entre Trelles y Chibolín es casi exacto, la diferencia yace en que el verdadero Chibolín tiene cuello y Trelles no. 
Antes de hablar de las personas, uno debe informarse. Bueno, eso es lo obvio. Hay que informarse y si se va a decir algo, calmarse, y una vez calmado, pensar lo que se va a decir. Esto es lo que haría una persona en sus cabales, pero Trelles es presa de una violencia interna que se ve reforzada gracias a la falsa valentía que ofrecen las redes sociales. Trelles reacciona por reaccionar, se convierte en una pequeña bestia a la que es necesario encadenar. Y a mí no me gusta encadenar a las pequeñas bestias, pero lo haré ahora con la esperanza de lograr que este pequeñín se deje de mariconadas y sea coherente con su discurso tribunero. 
¿Qué es lo que te fastidia, Diego? Dices que te sorprende que me inviten con frecuencia a dar charlas, a entrevistar autores en librerías, a poner comentarios en los libros de otros escritores. 
¿Acaso te fastidia que consiga sin mucho esfuerzo lo que tú consigues desplegando todo un aparato propagandístico en el que tú y solo tú debes ser el centro de atención? Tranquilo, enano, no me veas como un peligro. Yo solo tengo mi blogcito y con este blogcito me basta y me sobra. En este blog yo digo lo que pienso, lo que creo pensar y lo que posiblemente pensaré. Además, tengo mucho amor propio, la literatura poco o nada contribuye a mi amor propio. 
Sigo. 
Lo que sí me sorprende es tu falsa actitud moralizadora, tu incoherencia discursiva y tu falta de huevos. Criticas lo que cualquier huevón puede criticar, te haces el valiente con temas cantados, pero no dices nada de esos asuntos de los que nadie quiere hablar y de los que todos saben, hasta tú los sabes, solo que cuidas bien tus ladridos, sabes bien qué carro perseguir. Has ubicado muy bien tus objetivos y en base a esa ubicación interesada es que no dices nada de la corrupción editorial de la que tú eres parte (voy a creer que lo eres de manera involuntaria, ya sea por sonso, idiota o posero),  corrupción editorial de la que no quieres desmarcarte y de esa manera ser coherente con ese floro moralizador que tanto te preocupa vender. 
Pero sabes, Diego, yo te voy a ayudar. Voy a hablar contigo, muchachín. Te voy a buscar cuando estés por Lima y me gustaría que me digas en persona lo que la valentía y la distancia virtuales te hacen hablar de mí, tanto en público como en privado. Causa, no soy culpable de tus evidentes complejos, ya sea de talla y fealdad. Agárratelas con la vida, no conmigo. De paso, aprovecharé en preguntarte algo que me es difícil creer, porque me resisto a creer que se pueda ser tan idiota, tan inclinado a la subnormalidad: ¿Es cierto que quieres llegar a ser el próximo presidente peruano? ¿Es cierto que en tus borracheras parisinas dices en voz alta que eres el mejor narrador latinoamericano en actividad? ¿Es verdad que no sabías nada de la sospecha razonable que recaía en Humala sobre la violación de derechos humanos y que por esa razón lo apoyaste como buen zurdo en las elecciones presidenciales? Y si lo sabías: ¿por qué dejaste de lado la máxima de todo zurdo de verdad: velar por la vida del menos favorecidos? ¿No sabes lo que acaban de hacer con tu causa el maestro Reynoso, con esa estafa monumental a cuenta de Álvaro Lasso?, y si es así, te repregunto: ¿entonces por qué mierda callas? ¿Eres un senderista de cantina? ¿En verdad usas Elévate Shoes? ¿No sabes de los anticuchos editoriales de tu socio Víctor Ruiz y del otro que reeditó tu primer libro, ajá, de ese que es muy mal visto en Arequipa que obedece al nombre de Arthur Zeballos y que urgente necesita un baño con jabón Bolívar?
Espero, Diego, que seas coherente, es decir, que empieces a portarte como dices que eres, un indignado, un justiciero, un luchador de las causas justas. Solo así dejaré de creer que eres un alterado pequeño mostrito, un payaso que funge de faite literario que solo actúa para la tribuna.

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