martes, agosto 18, 2015

"el estilo de los otros"

Los seguidores de la narrativa latinoamericana contemporánea pueden sentirse bien servidos con el libro de entrevistas El estilo de los otros (Ediciones UDP, 2015) del narrador y periodista argentino Mauro Libertella. Nos enfrentamos, pues, ante una publicación que bien la puedes leer de un tirón o salteándote, dependiendo, claro, de tu grado de conocimiento de los autores que ha convocado el argentino. Más allá de posibles estrategias de lectura, la presente publicación nos sirve como un mapa con espíritu de antología que nos comunica, en la voz de sus más conspicuos representantes, cómo ha ido evolucionando la narrativa contemporánea en América Latina, como también cuáles son los lazos temáticos que comparten sus autores, o, lo que es más importante, qué es aquello que los diferencia. 
Para la presente publicación, Libertella ha tenido que seleccionar, y como toda selección, esta no es libre de omisiones (que detallaremos más adelante). En líneas generales se nos ofrece un fresco atractivo, tenemos a Alberto Fuguet, Diamela Eltit, Alejandro Zambra y Rafael Gumucio por Chile; a Alan Pauls, Sergio Bizzio, Sylvia Molloy, Matilde Sánchez, Fabián Casas y Ricardo Piglia por Argentina; a Ercole Lissardi por Uruguay; a Rodrigo Rey Rosa por Guatemala; a Antonio José Ponte por Cuba; a Horacio Castellanos Moya por El salvador; a Mario Bellatin por Perú; y a Margo Glantz, Guadalupe Nettel y Juan Villoro por México. 
No hay que pensarlo mucho: viendo la selección podemos conocer también al lector que hay en Libertella, un lector, digamos, exquisito, o llamémosle ecléctico. Sin duda, hay nombres a los que nos hubiese gustado acercarnos más, nombres a los que asociamos cuando se nos habla de la narrativa contemporánea en América Latina. Sin embargo, lo que parece una omisión, no es más que una apuesta por poéticas con las que, suponemos, el mismo Libertella se siente identificado. Es decir, el entrevistador/antólogo no ha sido parte de la demagogia de convocar a los nombres inamovibles, a los figurones de toda la vida, cosa que así somos políticamente correctos y contentamos a la tribuna. Pero en este sendero puede existir más de un peligro, el peor: que Libertella nos esté ofreciendo una cartografía por demás sesgada del panorama narrativo latinoamericano actual, entonces, vienen las preguntas tácitas: ¿por qué no están Rodrigo Fresán, Pedro Juan Gutiérrez, Valeria Luiselli, Edmundo Paz Soldán y Alejandra Costamagna, por citar algunos nombres, que bien pueden compartir lazos temáticos y estilísticos con sus convocados, teniendo en cuenta que un par de ellos, Fresán y Gutiérrez, ejercen un magisterio silente en no pocos narradores latinoamericanos? 
Felizmente, no es una cartografía sesgada la que nos ofrece Libertella, sino una apuesta en exceso subjetiva que haríamos bien en saludar para polemizar y discutir y analizar en las voces de sus protagonistas el mensaje que nos dejan en sus silencios. Me vienen a la memoria las respuestas de Bellatin, especialmente en cómo fue que llegó a editar su primera novela, Mujeres de sal, que obtuvo la mejor prensa posible: el boca a boca de los lectores. Hasta esta entrevista, mi interés en la obra de Bellatin era nulo, sentía que ya no tenía mucho que decir como escritor, bastándome solo sus novelas Salón de belleza, Damas chinas y Efecto invernadero, pero luego de la lectura de esta entrevista, experimenté una nueva curiosidad por su poética, o sea, una necesidad, una segunda visita a todas sus novelas. Las respuestas de Bellatin también son una patada frontal al contexto peruano en el que se inició como escritor, en cómo este permite que traten a sus artistas y escritores. No deja de llamar mi atención por qué Libertella lo considera peruano cuando bien pudo colocarlo con los mexicanos. Bien sabemos que en México Bellatin encontró las oportunidades que aquí jamás se las iban a dar. Iluminadores, por decir lo mínimo, resultan las intervenciones de Piglia y Glantz, que más allá de revelarnos los entresijos de sus poéticas, nos conectan y comprometen hacia mirada más apasionada y no por ello menos responsable de lo que debemos detectar al momento de leer, es decir, ir tras la sensibilidad que sostiene la forma del registro narrativo. 
Podemos estar o no de acuerdo en la selección de Libertella. En lo que sí tropieza el entrevistador/antólogo es en el uso de distintos métodos de entrevista con sus seleccionados. No todas las entrevistan gozan del mismo calibre e impacto y hubiésemos deseado la aplicación de un método clásico en todas las entrevistas. Por ejemplo, siento que Villoro se pierde en el texto fragmentado, lo mismo podría decir de Eltit. 
Más allá de los inevitables reparos, El estilo de los otros cumple un cometido, tanto para los conocedores y potenciales interesados: ir a la busca, y nuevo arribo, de estas voces, algunas de ellas algo perdidas e injustamente no lo  suficientemente reconocidas como Sánchez, Lissardi y Ponte. Sin embargo, el principal cometido lo cumple en la discusión y polémica que generará, a lo mejor por la selección o las respuestas de los escritores que dan vida a este libro, y eso es saludable, pues Libertella propicia una discusión, no importa si esta sea silente entre los escritores y lectores.

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