domingo, septiembre 06, 2015

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Lo más difícil del fin de semana fue la desinstalación del stand de Selecta de la Feria del Libro de la PUCP. A pesar de los requerimientos, me di maña para cumplir con todos los requisitos de seguridad que ahora están pidiendo, aunque lo ideal sería que esos requerimientos se hagan con la debida anticipación. 
Como no tenía que cargar nada, solo supervisar, aproveché el tiempo en ir leyendo una novela que se pinta de magistral: El expreso de Tokyo de Seicho Matsumoto. 
No sabía nada de Matsumoto. 
Y me alegra saberlo ahora. Y me alegra más que este libro sea una novela negra en el más puro sentido del término. 
Eso es lo paja del olfato lector: siempre estás a la caza de buenos títulos, llevas a cabo tus cábalas, dejas de lado las buenas costumbres literarias para convertirte en un hedonista de las buenas historias. Es que soy un lector que necesita historias, de nervio, con personajes con los que me pueda identificar, capaces de sangrar más de lo que yo sería capaz de sangrar, personajes pues más reales que los poseros con los que inevitablemente te cruzas por el camino. 
Si el ritmo no decae, estaré terminando la novela el martes, y si el tiempo me lo permite, haré una reseña de la novela, que es lo que deseo finalmente. 
Lo bueno, sin duda lo mejor, de este fin de semana, fue que me di una caminata por La Punta. Cuando bajamos del taxi, la idea era almorzar algo marino, pero la proliferación de restaurantes y comensales que deglutían productos marinos hicieron que se me quitaran las ganas de comer algo marino. Por un momento, barajé la posibilidad de salir de La Punta y comer algo casero, pero las cosas pasan por algo, ya que vi un restaurante de pastas, el cual era la primera vez que veía, puesto que venía a la punta después de varios meses. Me quedé mirando ese restaurante. Su pinta parecía más el de una casa. Y decidimos entrar allí. 
Disfruté lo que pedí: canelones de pulpa de cangrejo. 
Luego caminamos un toque por el malecón y disfruté como pocas veces de unos picarones. Quienes me conocen, saben que no soy nada dulcero, entonces, si me gustaron los picarones el día de hoy, es porque estos estuvieron buenazos. 
Necesitaba un domingo así, libre y sin preocuparme de nada. Sin tener que responder mails, ni Inboxs, alejado sin más de las pequeñeces de la vida.

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