viernes, noviembre 06, 2015

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Desde hace algunos días vengo recibiendo la misma pregunta, pregunta que altera en especial mis tardes dedicadas al ocio mientras trabajo. Aunque si analizo la pregunta, esta yace en un mal planteamiento. 
Por un momento, mientras sigo siendo testigo de la inquietud que despierte la pregunta, barajo la posibilidad de hacer un pequeño texto que dé cuenta de la incoherencia de las personas que están en el estado para cumplir el noble propósito de la difusión cultural. Pues bien, la inquietud de los escritores se alimentaba del ego dañado, en aquello que los disminuía como creadores. A más de uno lo puedo calificar de talentoso, también de lector responsable, pero la mierda, el ego herido, puede más, al punto de arrastrarlos. 
En varias ocasiones he dicho que todo escritor atraviesa una disyuntiva. Escritor que la resuelva puede darse por bien servido y abrigar una vida normal, con todo lo que implican los problemas. Resulta que tenemos mucho escritor ahuevado, pendiente del llamado oficial o del secular. En una ocasión, conversando con Leonardo sobre los egos de los creadores, le dije que en cuanto a los escritores, estos debían responderse esta pregunta: ¿qué prefieres: ser un buen escritor o uno famoso? Leonardo se quedó de piedra. A lo mejor pensó que la pregunta era una directa puñalada a él mismo y que yo me estaba haciendo el huevón generalizándola. Le puse ejemplos, cosa que así no se sentía el único, porque como él, nos encontramos con más, con muchísimos capaces de sacrificar años de oficio por salir en una foto de Somos, a saber. 
La pregunta que querían hacerme debió ser otra. En sus inquietudes veía la verdadera pregunta que el ego herido no les permitía formular. A algunos les dije cuál era la cuestión de fondo, la cual desarrollaría más, seguramente en un pequeño artículo.

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