domingo, diciembre 13, 2015

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Cerca del mediodía recibo la llamada de Joe. En mi mente, retumban las imágenes y algunas escenas de Boarding Gate, película que he vuelto a ver, más que nada por Asia Argento. Joe me pregunta si iré al almuerzo de celebración. ¿Almuerzo de celebración?, repregunto. Sí, el almuerzo de celebración por el premio Copé de Juan, dice Joe, a quien percibo feliz a razón de su cuentario Los Buguis. 
Es cierto, una noche antes, por medio de mensajes de Face me habían contado lo de este almuerzo a celebrarse en un restaurante del centro. Conozco el Dante, especializado en costillas de cerdo, además, muy cerca hay muchos bares que serán los destinos a escoger luego del almuerzo en honor a Juancito. 
Joe me dice que también vendrán Eric, o sea “Mr. Chela”, y “El caminante”. 
Me desperezo y me animo a ir. Pero las nuevas fuerzas son engañosas, he aprendido a no confiar en ese ánimo inicial que no concretiza nada a medida que pasan los minutos, sucumbiendo al reclamo corporal de las horas que han succionado hasta mis órganos vitales. 
Le digo a Joe que no puedo ir porque me siento muy cansado y con ganas de seguir metido en el sobre. Este cansancio es raro, es mayor, mucho más que en años anteriores en los que mi despliegue físico era saludado por muchos. 
Por otro lado, me considero una presencia extraña para los Zepita Boys, pese a ser el gurú intelectual de este grupo vitalista y literario. Pues bien, este momento de celebración es solo para ellos, del triunfo de una poética que no solo lo asocio al premio de “Cachetada”, sino en especial a una actitud ante la vida y una coherencia moral con el discurso literario y creativo que sostienen.

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