viernes, diciembre 18, 2015

398

Llegué a casa. No sé a qué hora. No tenía sueño y me puse a acomodar algunos libros desperdigados en la sala y en mi cuarto. Mientras buscaba un lugar para acomodarlos, Onur me perseguía, mordiendo las suelas de mis zapatillas. Recordé las palabras de mi hermano sobre el perrito: “la función del perro es cuidar la casa”, y le faltó: joder como ningún otro animal. 
Acomodé los libros en espacios de anaqueles vacíos de mi nuevo estante de libros. Fui a mi cuarto y cogí la novela de Robert Coover que estoy leyendo, La hoguera pública. A la hora de lectura, me percato de varios fólderes manila al lado de la Lap Top ubicada en el escritorio. Me puse de pie para ponerles en las cestas de plástico en las que guardo los textos que escribo, como también mis cuadernos y diarios. En estas dos últimas semanas, he estado ordenando mis textos y me había olvidado de guardar esos fólderes manila. Cuando abrí la tapa de la cesta de plástico en donde guardaría los fólderes manila, veo las hojas sueltas de una novela corta que escribí en tres días, encerrado, a inicios de año. La novela llevaba el tentativo título de Incitación. La volví a leer, ahora con un lapicero en mano, ante la atenta mirada del perrito que por su bien sabe cuándo interrumpirme y cuándo no. 
Había mucho sexo en lo que leía. No sé si tachar, pero vienen en mi ayuda algunas palabras del narrador Gálvez Ronceros: “cuando escribes de sexo, tienes que ser lo más sucio posible, luego en calma corriges”. Se las escuché a finales de los noventa en el Taller de Narrativa de San Marcos. ¿Ayudaron esas palabras? Claro. 
Como me acostaría en una hora, me puse a leer las primeras veinte páginas de esta novela de ánimo sexual. Si metí el lapicero, no fue para tachar o pulir las palabras u oraciones en cuanto a sexo, sino más bien a descripciones de lugares y atuendos que usan los personajes, por ejemplo. La novela fluía y me agradó que fuera así, aunque en la página 12 comencé a detectar algunas digresiones que se alejaban demasiado de lo que iba contando, como si la novela se abriera a otra historia. Vi también las hojas no escogidas, la tentación es fuerte, pero las dejé allí. 
Busqué un clip y separé las hojas releídas. Las junté con las no escogidas. Las guarde en la cesta, hasta nuevo aviso. Antes de dormir, busqué una película para verla por partes, Holy Motors de Leos Carax fue la voz en la madrugada.

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