jueves, febrero 11, 2016

416

Recién hoy pude atenderme donde la señora Blanca. 
La busqué el lunes y no se encontraba. Estaba muy desesperado porque necesitaba de sus servicios. Hacía mucho calor y por un momento barajé la idea de atenderme donde otra mujer. 
Esta señora me conoce como pocas mujeres. No necesito decirle nada, ella sabe su trabajo y lo que tiene que hacer conmigo para que mis días sean llevaderos. Sus servicios se me hacen frecuentes en verano, a razón de una atención cada dos semanas. Sin sus servicios, me es imposible soportar el verano, la incomodidad se impondría al escribir o ver una película, pero ante todo al momento de leer. 
Necesitamos de diferentes mujeres, pero en verano necesito más de la señora Blanca. 
Hace un rato salí con la esperanza de encontrarla. Fui a un cajero BCP y saqué algo de dinero. Me compré agua mineral y fumé un pucho. 
Caminé despacio y por fin pude ver que la puerta de metal de su centro de trabajo estaba abierta. Apuré el paso. 
Para mi suerte, no había clientes. Era el único, el primero del día. 
La señora Blanca me sonríe y me dice que estuvo de viaje visitando a su familia en el norte del país. 
Ocupé el lugar de siempre. Me quité los lentes. Dejé el libro que estaba leyendo. 
Estaba a toda disposición de la señora Blanca. 
No tengo que indicarle nada, ella sabe cómo cortarme el cabello.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Pense que era una masajista.

1:33 p.m.  

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