martes, octubre 25, 2016

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Me despierto temprano y busco un Playlist de Grand Funk Railroad, aunque DK me ha pasado uno de Kevin Ayers, y de Ayers no escucho nada en buen tiempo, pero sí hubo una temporada que recuerdo mucho, cuando lo escuchaba con José Carlos, mientras caminábamos por San Borja, hablando de todo mientras fumábamos marihuana. Nuestras conversas entonces venían pautadas por las letras de Ayers. Caminábamos mucho, siempre de mañana. Hablo pues de una época en que ambos trabajábamos desde casa, antes de que las inevitables responsabilidades se hicieran presentes. Esas caminatas vienen a mi memoria por el Playlist que me envía DK.
Luego, me preparo el desayuno, algo simple, un par de manzanas y café. Ahora sí, comer sano, y olvidar en algo el sabor de la rica salchipapa que comí el domingo en San Miguel, la que por momentos se me antojó como un placer interminable. Entonces, prendo la Laptop y abro el archivo sobre la migración que vengo escribiendo, el cual acabaré en media hora. Este texto me ha traído muchos dolores de cabeza, una pesadez emocional que coqueteaba con el más aplastante aburrimiento. Este texto lo acepté por el tema de la migración, del que puedo decir varias cosas, es decir, puedes presupuestar el tiempo de su escritura, pero poco puedes hacer cuando te invade un contexto distinto al que estás acostumbrado, contexto que debes enfrentar del saque, no dejar que madure. 
El ensayo sobre la migración lo acabo más rápido de lo que pensaba. Entonces, me aboco a los detalles de la presentación de la tercera edición del poemario más conocido de Carlos Germán Belli en Sur. Ojalá más poetas locales fueran como él, mientras más grandes, más sencillez. Pero bueno, sé que es difícil pedir sencillez de grande a los que no pasan del estado cucaracha.

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