miércoles, enero 25, 2017

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A partir de hoy comenzaré la relectura de El fondo del cielo de Rodrigo Fresán. Venía pensando en qué libro leer luego de ver Arrival de Denis Villeneuve, lo pensaba sin hallar el título del libro que complementara la elevada sensación que me dejó la película, que por cosas extrañas de la vida, la tuve que ver en la función de las 11 de la noche, saliendo de La Rambla de San Borja a la una de la madrugada de hoy.
Caminaba por una ciudad semivacía, pensando en Amy Adams, en cómo los reparos que tenía hacía ella se deshacían de a pocos, como pompas de jabón. Refuerzo pues mi idea sobre el destino de algunas actrices, que las hay no pocas, con envidiable capacidad histriónica, pero que nunca obtienen el rol con el que puedan exhibir su talento. Adams tuvo el rol que otras no y lo supo aprovechar.
No interesa cuál sea el futuro de esta película en su mediático futuro inmediato, y lo digo en relación a la porquería de los Premios Oscar, porque esta va mucho más de ese estofado de intereses.
Pero esta película también refuerza lo que vengo pensando de su director, fácil lo mejor en dirección hoy por hoy. De Villeneuve, sugiero, si aún no la has visto, su obra maestra: Incendies. 
Como me acosté tardé, creí que me levantaría tarde, pero lo hice cuatro horas después. Revisé mis mensajes de Inbox y encontré el de MJ, que vio Arrival días antes que yo. Ella me comenta de esta novela de Fresán, sobre la motivación espiritual de la que también podría nutrirse la película: “una historia con ciencia ficción no de ciencia ficción”. Dio en el clavo.

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