lunes, agosto 07, 2017

tdp: "destierro"

Texto de presentación, leído el domingo 6 de agosto. Sala José María Arguedas. FIL de Lima.


Buenas tardes.
Antes que nada, me gustaría agradecer a María Fernanda Castillo del Grupo Editorial Planeta por invitarme a presentar la nueva novela de Alina Gadea. El agradecimiento viene por partida doble, puesto que la novela en cuestión es una de las mejores novelas peruanas que he leído en los últimos años (y no hay nada mejor que poder hablar de los libros que te gustan) y también porque la autora es muy amiga mía. El azar hizo su parte, porque María Fernanda no sabía de mi amistad con Alina cuando me preguntó si podía presentar su novela el día de hoy.
Y antes de hablar de Alina y su novela, un dato ¿menor? que no puedo pasar por alto: la portada. De los muchos libros peruanos presentados en esta edición ferial, la portada de esta novela la rompe en su sobriedad y minimalismo. Felicitaciones a su responsable.
*
Lo mejor sería empezar con una pregunta: ¿qué pensamos cuando pensamos en la obra literaria de Alina Gadea? Cada uno de nosotros puede tener su respectiva opinión, pero esta es la mía: Gadea es a la fecha una de las plumas más destacadas de la narrativa peruana del presente siglo. Nos encontramos aquí para celebrar la aparición de Destierro (Emecé del Sur, 2017), pero antes, tengamos en cuenta que su aparición es una consecuencia natural de la obra narrativa que nuestra autora ha ido construyendo desde 2009, año de la aparición de su primera novela Otra vida para Doris Kaplan. Si llevamos a cabo un fugaz ejercicio de memoria, Gadea ha recibido los saludos de la crítica (entre positivos y ambivalentes), la atención de la prensa y, en especial, de los sinceros favores de los lectores.
Pero este reconocimiento no ha sido gratuito, más bien, obedece a una coherencia que la autora mantiene y exhibe en su poética narrativa. Hablamos de su tópico recurrente: la representación del mundo interno de la mujer y sus afanes por liberarse de las estrecheces morales, sociales y emocionales. Por ello, habría que fijarnos mejor en su biografía literaria. En este sentido, ¿por qué Alina Gadea es la tremenda escritora que es? Fácil, al menos para mí la respuesta lo es: la contundencia que vemos en su estilo es lo que ubica a Gadea como una narradora atendible. Bien lo señalan los que saben, los maestros, desde Hemingway a Ford: la coherencia del estilo en un proyecto de obra define la poética de los verdaderos escritores. En este sentido, Gadea se propuso en sus novelas taladrar y conmover al lector partiendo de un estilo diáfano, en apariencia aséptico, pero tramposo a fin de cuentas. Lo hemos visto en toda su dimensión en su ya indicada primera novela, también en Obsesión y La casa muerta, y ahora en el título que nos reúne.
En la aparente sencillez de sus recursos narrativos, Gadea ha forjado una obra sólida. Es decir, no hablamos de una pluma vendida a los intereses del mercado, mucho menos a los tanteos de las vertientes estilísticas y temáticas de moda. Gadea ha sabido edificar una comunidad de lectores a cuenta del Gadea Style, o sea, por medio de una claridad expresiva cargada de palabras nerviosas y mucha poesía en sus silencios, en realidad, demasiada poesía, que en Destierro alcanzan cimas que difícilmente vamos a olvidar.
Una muestra al vuelo: “Nos hemos quedado dormidos. La tarde ha caído y yo despierto como quien sale de la reventazón de una ola salada. Él observa la foto de su hijo y el mío junto con los demás niños de la clase… Cierro fuerte los ojos. Tengo miedo de ser una caja vacía. Papel amarillento en un cajón.”
En Destierro asistimos a la potencialidad narrativa de Gadea. Destierro no es un paso más en su trayectoria, es su novela consagratoria que la posiciona como una voz interesante de la narrativa peruana del presente siglo.
Esta novela de poco más de cien páginas es extremadamente peligrosa. En ella, Gadea cuenta mediante una voz quebrada un proceso de separación. Pero aquí el tema, aparte de importante para su linealidad histórica, es solo un pretexto, porque la verdadera protagonista de la novela es su estilo, que canaliza el dolor y la posibilidad de emancipación de la mujer que narra. Gracias a la sencillez de la prosodia, ingresamos a los senderos emocionales de la voz que cuenta, y al contar esta voz ingresamos a una dimensión del horror que supone toda separación, al quiebre emocional que no solo deja daños inmediatos, sino también colaterales.
Mientras leía Destierro, me fue imposible no recordar una idea que esgrime Paul Auster en su novela El palacio de la luna, aquí su narrador Marc Stanley Fogg dice algo más o menos así: “lo más triste no es la pérdida del amor, tampoco el rechazo de la persona que amaste, lo verdaderamente trágico es no sentir absolutamente nada por la persona por la que sentiste amor, ese es el vacío.”
Eso es Destierro, la radiografía del amor que ya no se siente, el amor perdido que en el dolor busca su emancipación y en esa búsqueda el lector de turno se identifica con la voz que narra, viajando en ella por un camino que se manifiesta tortuoso, impactándolo y dinamitándolo. Alina Gadea consigue, gracias a la poética transparencia de su estilo, quebrar los moldes narrativos establecidos. Sin efectismo mentiroso, sin recursos narrativos promocionados hasta el hartazgo el día de hoy y vendidos como “nuevos”, nuestra autora ve justificada su lugar de relevancia en la tradición narrativa peruana. En Alina Gadea, el estilo y la fragmentación son experiencia literaria. 
Muchas gracias.

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