lunes, octubre 30, 2017

calles cerradas

Mañana de lunes. Casi listo para las tres febriles horas de investigación en la BNP. Hoy serán tres, porque me espera un día lleno de actividades, y para tal jornada, ya estoy preparado, al menos en lo básico, buena música en la memoria del cel y dos libros que he empezado a leer con mucho entusiasmo. Por lo leído hasta el momento, todo apunta a que serán lecturas de provecho, me refiero a la novela El meteorólogo de Oliver Rolin y el libro de ensayos Escribir, por ejemplo… de Carlos Monsiváis.
Comencé a leerlos ayer domingo, en la tarde, mientras me dirigía a la Casa de la Literatura para encontrarme con un pata. Una vez allí aproveché en ver la exposición sobre la revista Amauta, que recomiendo a todos los interesados, en especial para aquellos que, como yo, somos fanáticos de las revistas literarias y culturales.
En verdad, no deja de llamar la atención la labor que viene desempeñando la Caslit. Todos los días es posible detectar la nutrida presencia de personas de distintas edades. No es para menos, este lugar ofrece una variada e interesante oferta de actividades.
Ahora, cuando hablamos de los últimos domingos de cada mes, las calles del Centro Histórico se convierten en una fiesta cultural, en la que tenemos a libreros de viejo y artesanos, del mismo modo pasacalles, espacios gastronómicos y hasta alquiler de bicicletas. 
Aunque no se dice, y debería hacerse, lo que refleja la inutilidad de la Subgerencia de Prensa y Comunicación de la Municipalidad de Lima, es que esta idea de cerrar las calles del Centro para convertirlas en espacios culturales es iniciativa de la actual gestión. Claro, sabemos de sobra de las manías de Castañeda, de lo mucho que tiene que responder ante las acusaciones de corrupción, pero reconozcamos lo bueno, que no es poco si hablamos de cultura.

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