lunes, junio 15, 2015

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Mientras la mayoría de mis amigos y conocidos, por no decir todos, se ponían a ver el Perú-Brasil de la Copa América, yo me puse a ver una película, quizá en honor a esos recuerdos de infancia cuando Christopher Lee era capaz de suscitarme el miedo suficiente para hacer de mí un niño de bien en lugar de uno engreído y, por momentos, insoportable. Al menos, los que hemos crecido a inicios de los ochenta, bien podemos tener a Drácula como una de los personajes más terroríficos que hayan podido existir, de esos con los que terminabas soñando y, quizá en juegos con las niñas del barrio, emulando cuando, según tú, les chupabas la sangre. 
Navegaba por los canales de cine del cable y no encontraba ninguna película que tuviera a Lee como protagonista, hecho que me pareció por demás extraño, ya que el inglés había fallecido días atrás. No encontraba nada y por un momento pensé en la posibilidad de hacer lo mismo que los demás, ver el partido de fútbol que paralizó nuestro domingo. 
Pero recordé que sí tenía algunas películas de Lee interpretando al Conde Drácula y me puse a buscar esas películas. 
Cada vez que me pongo a buscar películas en DVD siento una suerte de remezón en mi pecho, los latidos de mi corazón se aceleran y trato de no fumar cuando estoy de caza. La nicotina y la ansiedad me taladran, hasta podría sufir un pre infarto. Es que eso fue lo que me pasó la última vez, me puse a buscar algunas películas mientras fumaba, la emoción por encontrarlas era tal que mi sangre se posesionaba de mi cabeza. Lo mismo me pasa cuando busco libros y discos. Buscarlos y encontrarlos me remontan a los precisos momentos cuando los compré, momentos que forjan una relación con aquellas cosas que me pasaban, con lo que me tocó vivir. No era necesario que se tratara de una obra maestra. Por eso, las películas y los discos, como también los libros, los asocio y les confiero de un valor extra a cuenta del momento en que me hice de ellos. 
Las películas de Lee en las que interpretaba a Drácula me remontaban a los primeros miedos de mi vida. Claro, con el tiempo dejas de tenerle miedo a Lee y más bien lo admiras, sea por su garbo y estilo lacónico, o por el solo hecho de chuparle la sangre a bellas jóvenes vírgenes. Me las compré todas hace no más de tres años. Y, como se supone, no era nada descabellado ver aunque sea un par de ellas ayer domingo. Pero no las encontraba, y ese no encuentro reforzaba mi peligrosa ansiedad, sudaba de emoción, pasando por alto lo peligroso que es para mí caer preso de la ansiedad, de la que sé lo que hará conmigo cuando sea muy mayor, si es que llego a los sesenta. 
Me senté en el sillón y pensé que no sería una mala idea formar parte de la frustración dominguera. Total, poco o nada puedo esperar de esta selección. Y asumí ese destino inmediato. Pero esa decisión no duró más de cinco minutos porque recordé el carro de carreras a control remoto que me autoregalé por mi cumpleaños hace un par de años. En esa caja había colocado casi doscientas películas en DVD. Es pues una caja ubicada debajo de una estantería. Jalé la estantería y la abrí, encontrando las películas de Drácula protagonizadas por Lee al lado de las películas de Godard. (Por eso es que no encontraba las de Godard). Escogí una película al azar, una menor de las que protagonizó Lee. Abrí el estuche de La sangre de Drácula, quizá la más “floja” de la que interpretó del vampiro, pero su calidad era lo que menos importaba, ahora volvía a los miedos ya superados.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

yo sé que tú sí te va a atrever a señalar el gran bluff que es la novela de Yrigoyen. En ti sí se confía.

5:16 p.m.  

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