martes, agosto 11, 2015

superioridad moral

En estos días he visto las reacciones de varios intelectuales peruanos, ya sea por medios virtuales, impresos y de forma presencial, a razón de un artículo de Fernando Rospigliosi, publicado en El Comercio. 
No es para menos, pienso, puesto que Rospigliosi encara a la doble moral de la izquierda peruana, en especial en los párrafos finales de su texto. 
Al respecto, puedo decir algunas cosas, que tengo presente porque he estado leyendo en la hemeroteca de la BNP los periódicos nacionales del 2010 y el 2011, como quien refresca la memoria sobre la campaña electoral a la presidencia que ubicó Ollanta Humala en el sillón de Palacio de Gobierno. 
Rospigliosi subraya una característica nefasta de la izquierda peruana: su discurso condimentado de superioridad moral. 
En lo personal, la superioridad moral de la izquierda peruana es algo que me genera más de un dolor de cabeza. Como también indignación, porque la gente más corrupta que he visto en mi vida, y que en contados casos he tenido el disgusto de conocer en persona, han pertenecido a la izquierda. También he conocido gente corrupta de la derecha, no tanto como en la izquierda, pero al menos estos se cuidan de no estar creyéndose los representantes morales, no se alucinan los ciudadanos comprometidos que tienen la razón y que solo en ellos está la solución que tanto necesita el país para salir de la injusticia y el subdesarrollo. 
Lo he dicho más de una vez: si este país fuera normal y sus intelectuales de izquierda fueran personas normales, yo sería un abierto y declarado seguidor del discurso de izquierda peruano. Lamentablemente no es así, nunca ha dejado de exasperarme la doble moral de nuestra izquierda y me apena decirlo porque tengo muy buenos amigos que se identifican y defienden la causa de la izquierda. Cada vez que hablo con ellos, yo, sin ser de izquierda, me siento más defensor y difusor de la misma que mis amigos y conocidos zurdos. 
Para mí, muchas cosas se rompieron en esa campaña del 2010 – 2011. Me alejé de los viejos y jóvenes izquierdistas por inmorales, y el motivo de mi alejamiento se debió al punto que aborda Rospigliosi, el cual justifica este post: si eres de izquierda (en realidad, si eres una persona con valores y con sentido común), no puedes apoyar a un potencial sospechoso de violación de derechos humanos. Así de simple es la figura. Pero esta figura importó poco o nada a la los izquierdistas de entonces, que a lo bestia creyeron en un plan de gobierno capitaneado por un tipo manchado en sangre. El apoyo a Humala no era más que una negación de los principios que tanto decían defender. La actitud ante ello era mirar para otro lado, era formar una fuerza, una trinchera, seguramente en un inicio pequeña pero a la vez coherente con sus principios. 
No es poca cosa. Los intelectuales izquierdistas peruanos se hacen llamar los defensores de los derechos de los menos favorecidos, pero al momento patentar esa defensa, se nublan y llevan a cabo esa defensa de acuerdo a oscuros intereses, llámale intereses ideológicos. Por esta razón, cuando veo a esos izquierdistas que apoyaron día y noche a Humala, o sea, a un sospechoso de violación de derechos humanos, al que hoy en día critican, y que no contentos con eso tienen la sinverguenzería de brindar otra alternativa política en vistas de las próximas elecciones, no puedo sino sentir asco por ellos. Obviamente, uno se puede equivocar, y si te equivocas, por lo menos brinda una disculpa y una autocrítica públicas, de acuerdo a la reciprocidad del apoyo que tuviste con un potencial sospechoso de violación de derechos humanos. Eso es lo mínimo que deben hacer nuestros intelectuales de la izquierda peruana. Solo así tendrá consecuencia ese discurso de llamarse intelectuales comprometidos.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

NO JODAS GABRIEL, ERES IGUAL A TU PATA ÁNGELES, UN ENEMIGO DE LA IZQUIERDA

12:50 p.m.  

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