viernes, enero 22, 2016

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Después de algunos días algo agitados a razón del desalojo que sufrió el Boulevard, vuelvo a las actividades de siempre, sin dejar de ayudar a los amigos y conocidos que aún no encuentran un lugar donde instalarse y así comiencen a trabajar. 
En la tarde me puse al día y pude ver Spotlight, película de la que venían hablándome bien y que daba cuenta del trabajo periodístico de The Boston Globe cuando puso en evidencia los abusos sexuales de los clérigos que durante décadas habían sido protegidos por la iglesia católica. 
No sé si esta película gane el premio de la Academia y la verdad que poco o nada me interesa si sucede o no. Se trata pues de una película moral y en su fin logró cumplir su cometido. Y claro, a más de uno le debió llamar la atención que en la lista de ciudades, que aparece al final de la película, lugares en donde la iglesia amparó y protegió a los sacerdotes violadores, figurará Chimbote. 
Terminé de ver la película y me serví un poco de helado. Lo hacía mientras conversaba por cel con una periodista que me llamó para preguntarme por el desalojo del Boulevard Quilca. La puse en contacto con las personas indicadas para que realice su nota. Ella quería hablar conmigo y le dije que no estaría a la hora que ella llegaría a Quilca, pero que podíamos hablar luego. Felizmente, terminé de hacer en Barranco lo que tenía que hacer y pude hablar con la periodista a las siete de la noche en la otra tienda de Selecta. Hablamos durante hora y media. Ella no se sorprendió de lo que le acababa de contar. Tenía en sus manos y grabadora la verdad, esa verdad que muchos medios han pasado por alto por la sencilla razón de que no pueden chocar con su majestad Cipriani. Ese es el poder de la iglesia, cuyos poderes sirven de avales amorales para muchas empresas privadas que contratan espacios de propaganda en los medios escritos, radiales, televisivos. Claro, para solapar el asunto, no pocos periodistas han publicado pequeñas notas en las que se indica que el desalojo se debió a que no se pagaba el alquiler desde hace tres años. De esta manera cumplían con informar en favor de Cipriani. 
Una vez listo para salir a Barranco, le echo una última mirada al Face, en especial a la cuenta de Yo soy Quilca. En esa cuenta estaba subiendo todas las notas de medios independientes que informaban de lo que realmente pasó el pasado 14 de enero. En poco tiempo, esta cuenta se disparó en lectoría y puedo dar fe del apoyo y el rebote que generaban los posts. La razón era sencilla: con pruebas se estaba demostrando que ese desalojo, aparte de abusivo, fue ilegal. Aunque claro, nunca faltaba un desinformado que se resistía a aceptar que su iglesia se haya portado como una apurada traficante de tierras. Los poderes en la iglesia en Perú son insondables. Cipriani tiene sus trolls que se encargaron de inhabilitar la cuenta Yo soy Quilca. Pero esto recién comienza, señores.

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