martes, enero 26, 2016

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En las tardes me doy una vuelta por el otro local de la librería para ver cómo va “Hombre sabio”. Ayer llegué poco después de las cuatro de la tarde y me puse a revisar la disposición de la librería. En la librería tenía acceso a Internet pero me había olvidado de llevar mi Laptop. “Hombre sabio” me dice que patas y flacas me han estado buscando en estos días, a quienes les ha dicho que me pueden encontrar en las tardes. 
Cerca de las cuatro de la tarde me dirijo al Don Lucho, en donde me encuentro con Jessica y Pedro. Hablamos del tema que nos compete, el futuro de la gente que integraba el Boulevard Quilca. Como en toda reunión, hay puntos de vista distintos, pero un solo fin, el cual es mantener la tradición que se generó en el Boulevard. 
Desde la mesa del Don Lucho puedo ver la tienda de Selecta y cuando “Hombre sabio” quiere hacerme una consulta, me llama, y ahora le respondo viéndolo sin que él se dé cuenta que lo estoy viendo, direcciono a la distancia algunas ventas y hago algunas recomendaciones de poesía para los lectores que buscan precisamente poesía. 
En unas horas tendremos una reunión con un abogado, porque lo que hay que hacer es registrar y formalizar al grupo. La reunión con el abogado es en una hora y media. Pero también esperamos a una joven periodista, que nos ha pedido algunas fotos más para reforzar su nota que nos hizo días atrás. 
La periodista se demoró en llegar a la hora acordada debido a una entrevista que se alargó, y cuando recibo su llamada me encontraba en la reunión con los demás expositores. El lugar en el que estábamos era cerrado y no recibía la señal del cel. A cuenta de uno de los expositores que llegó tarde a me entero que la periodista había llegado hacía veinte minutos. Entonces salgo a buscarla. Al llegar al portón del Boulevard, Jacqueline me dice que la periodista y su fotógrafo aprovecharon un momento de descuido del guardián interino, que abrió uno de los portones para recibir una bolsa, seguramente de comida. La periodista y su fotógrafo entraron corriendo, a la guerra. La llamé y las llamadas solo quedaban en el sonido de la intención. Me preocupé un poco porque lo más probable era que la gente dentro del Boulevard la haya estado amenazando. 
Después de cinco minutos salieron del Boulevard. Su fotógrafo hizo las fotos que estaban buscando para su nota. No necesité preguntarle cómo estaban las tiendas, su rostro de impresión y espanto manifestaban el saqueo que hicieron de las tiendas. Los que cuidaban el espacio, al ver que el fotógrafo y ella recorrían los pabellones, llamaron a la policía para denunciarlos como invasores. No se hicieron problemas, en sus rostros también se reflejaba la costumbre de este tipo de acciones propias de la actividad periodística. 
La acompañé hasta la otra tienda de Selecta. Le di un cigarro y barajaba la idea de preguntarle cómo estaba mi tienda, dudé, a veces es saludable no saber la verdad, pero la curiosidad es una punzada de mierda mucho más fuerte que la mera especulación. Ella me dijo que la puerta corrediza de metal de Selecta estaba en diagonal, esta puerta había sido forzada para sacarla, como no se pudo desprender de uno de sus extremos, quedó en diagonal. Ni hablar de las otras tiendas, todas destruidas por el saqueo. Cruce la pista, me compré una chela en lata y prendí un pucho.

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