martes, agosto 02, 2016

505

Pasé parte del día en Barranco, después de algunas gestiones en el Centro de Lima, caminando y conversando con Alina y Chaqueta. Felizmente, no hubo mucho sol, porque de haber sido así, las horas de caminata se hubieran reducido considerablemente.
Cerca de las tres de la tarde, me despedí de ellos y me dirigí a casa. En el camino, revisé las noticias en el móvil y me descubro ajeno a los vaivenes de los últimos días, expulsado de las velocidades mediáticas y de los tópicos recurrentes.
Imposible pasar por alto, bajo una primera impresión, lo dicho por Cipriani. Entonces bajo distintos puntos analizo lo dicho por el mandamás de la iglesia católica, lo hago mientras “Jeremy” me dice lo mismo que desde hace varios días, que revise ya sus cuentos, y yo le digo que preferiría no hacerlo, al menos no inmediatamente, ya que, si desea una lectura atenta, debo estar libre de algunos compromisos que debo cumplir, que se me han juntado a razón de lo mal de salud que estuve hasta la semana pasada.
Me concentro pues en lo dicho por Cipriani. El taxista, de cuando en cuando, intenta hablarme, pero solo asiento por asentir. Tampoco es mi intención desairarlo, entonces, solo en un tramo, le sigo el curso temático: La marcha del 13 de agosto. Me pregunta si es una exageración. Le digo que no. Para nada es una exageración, más bien, hay que apoyar esa causa y no hacernos problemas con ciertas falencias de los discursos de los organismos y colectivos que organizan la marcha, puesto que el fin que reúne a estas mujeres, el principio que defienden, es superior a ciertos vacíos de su discurso. Es imposible calibrar un discurso homogéneo en tan poco tiempo, en este caso, la intención y su hechura son los factores que cuentan.
Para nadie es un secreto, aunque nunca falte un subnormal que diga lo contrario, pero será una marcha histórica, al punto que la marcha Anti Keiko será un chiste a su lado. El taxista no me entiende, además, percibo machismo en lo que me sigue diciendo sobre la marcha, y me limito ahora sí a asentir hasta que se aburra y se dedique solo a conducir.
En frío, y dejando de lado apasionamientos.
Esta vez el cargamontón contra el mandamás de la iglesia es desmedido. Cierto, lo dicho por él es de una estupidez censurable, pero analizando sus palabras, sus tiempos para armar la idea, me queda claro que no quiso decir lo que dijo, solo que se equivocó en la forma de decirlo. Se hueveó feo el tío y si de esa hueveada es víctima del apanado que viene experimentando, pues bien que se lo merece. Junto a Fujimori, Ciprianoi es lo peor que le ha podido pasar a este país.
Llegué a casa.
No había nadie. 
Solo Onur, que había destrozado mis almohadas, como si se hubiera mechado con ellas. Me le acerqué y le dije que cuando sea presidente de este país, él capitaneará el desfile militar de fiestas patrias. Y no va ser.

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