viernes, octubre 28, 2016

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Hace unos días, mientras conversaba con un amigo sobre algunos posts sonados del blog, me dijo que el texto que pienso escribir, si bien iba a ser del todo justo, pero que este no iba a tener las suficientes adhesiones como sí los que de alguna manera forjaron tendencia en las últimas semanas. Obviamente, este amigo lo dijo en toda buena onda, y pensando en frío lo que me decía, pues tenía razón.
Si algo ha demostrado de lo que es capaz el escritor promedio peruano, o llamado intelectual, es su gran capacidad para la indignación y crítica selectivas. Me costó aceptar lo que mi amigo indicaba, y no por ingenuidad de mi parte, porque si algo he aprendido en estos años es que cada creador e intelectual de este país sí tiene un precio y que no duda en honrar ese precio por medio de una práctica común en la comunidad intelectual local: el lustrabotismo silente.
Con mi amigo nos reunimos regularmente en un café de San Borja y hablamos prácticamente de todo. Claro, son inevitables los puntos de desencuentro, pero más allá de eso, siempre he sacado ideas que desarrollo en su medida en varios artículos que escribo. Del tema que próximamente pienso escribir no fue idea suya, pero sí me interesaba saber su opinión al respecto. Lo que señaló sobre la poca popularidad que vaya a tener el post, de la poca adhesión de los escritores e intelectuales hacia el mismo, era pues una realidad por demás cantada. Me lo dijo no con la idea de que dejara el post en el terreno de las meras ideas, sino para que lo haga sabiendo que su mayor fuerza yacerá en la argumentación del mismo. Además, tanto él como yo somos creyentes de ciertas causas que debemos cuidar sin importar si son o no populares.
Cuando iba a explicarle la estructura de mi artículo, mi pata me interrumpió para preguntarme si “Cachetada nocturna” existía o era solo un invento mío. Le dije que sí, que “Cachetada” existe y que viene haciendo escándalo a razón del Nobel de Literatura que se le otorgó a un “huevonazo como Bob Dylan”, cuando debió concederse ese premio a “un autor inmensamente más talentoso” como (así es, ¿lo imaginan, no?) él. 
Mi pata no creyó lo que le contaba de “Cachetada”, pero al final la realidad de ciertos personajes es mucho más fuerte que los caprichos de la imaginación.

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