sábado, octubre 29, 2016

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Me instalé en mi lugar estratégico de la Hemeroteca en la BNP. Desde allí podía ver todos los movimientos, además, la puerta de entrada estaba cerca, cosa que me permitía una salida rápida ante la primera vibración del celular.
Desde hacía varios días pensaba revisar todos los ejemplares que pudiera de la revista Hablemos de cine, pero antes de ello, me puse en onda con las ediciones de Monos y Monadas. Tenía conmigo un cuaderno espiralado de hojas blancas, en el que anotaba algo de info que iba a encontrando, pero no pude contener la risa al ver una portada de MM, en la que aparecía la caricatura del ex presidente Morales Bermudez. Pues bien, lo que no me esperaba era que esa portada sería la primera de una serie de portadas sobre MB, cada una más risible que la anterior. Revisé la revista con la idea de hacerlo a lo mucho veinte minutos, pero no, ya sé a lo que me expongo cuando soy presa de una curiosidad caprichosa, puesto que pasé más de una hora, conteniendo la risa, ahora con mayor razón, debido a que no era el único en la sala como sí otros días.
Minutos después, mientras leía (y releía) los ejemplares de Hablemos de cine, encontré una reseña lapidaria de Juan Bullita a Ganarás el pan (1965) de Armando Robles Godoy. Bullita, también personaje entrañable en Sueños bárbaros de Nuñez Carvallo, no tuvo piedad de esta primera película de RG. Poco más de tres páginas en las que destroza esta ópera prima, pero no me topé con el destrozo del sabihondo, sino ante lo que podríamos también llamar un “destrozo iluminador”, escanciado de humor e ironía, muy en onda con las reseñas de cine que hacía Andrés Caicedo, de quien Bullita fue muy amigo, por cierto. 
Después de horas de lectura y apuntes, chequeé mi celular. En uno de los mails se me consultó si podía participar para fines de noviembre en un conversatorio sobre Bob Dylan en la Casa de la Literatura. No se trata de un conversatorio organizado por la misma Caslit, sino por el centro de estudiantes de Literatura de una universidad local, cosa que me halaga y me compromete de manera especial, porque ellos hacen este tipo de eventos por el solo gusto de hacerlos, y por ese solo gusto trataré de estar a la altura, es decir, me voy a preparar sobre Dylan, leyendo toda la bibliografía que ha inspirado. Obviamente, nunca leeré toda la bibliografía que aborda la figura y obra de este artista, pero en esa imposibilidad descansa el secreto, ese gusto. Hasta las imposibilidades hay que hacerlas bien.

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