miércoles, octubre 26, 2016

aislados

Uno de los documentales que más ha llamado mi atención en los últimos meses: The Wolfpack (2015) de la directora norteamericana Crystal Moselle.
Estamos ante la primera película de la directora, conocida en el circuito independiente estadounidense por sus documentales que exploran las peculiaridades y obsesiones de gente que, de algún modo, anda desconectada de la realidad. Lo suyo es simple: con cámara en mano, se adentraba en las calles a la caza de lo que ella suele llamar “La sensibilidad insólita”. A la par de su labor cinematográfica, ha venido construyendo un lugar en el espectro del activismo político.
Su frecuente recorrido por las calles la llevó al detalle, a ese encuentro que se convertiría en su primer documental de larga duración. En el 2010, mientras caminaba sin rumbo por los barrios aledaños de New York, se topó con una situación por demás llamativa, que a los ojos de los demás transeúntes bien pudo significar la puesta en escena de un Reality de bajo presupuesto. Aunque para Moselle no…
 Ella se encontró ante una representación real de la vida. Se acercó a los seis jóvenes, que por su aspecto y vestimenta, no pasaban desapercibidos para nadie. Tenían el cabello largo y algunos exhibían las uñas pintadas. Eran los hermanos Angulo (Mukunda, Narayana, Govinda, Bhagavan, Krisna y Jagadesh). Quiso seguirlos y filmarlos, pero cambió de idea y se animó a conversar con ellos. Al final, esa fue la mejor opción que Mosele pudo tomar. Los hermanos Angulo quedaron prendidos del atractivo de Moselle y no titubearon en transmitirle su admiración por ello. Esa tarde comenzaron a caminar, yendo hacia todos lados. Moselle se sintió parte de los Angulo, como los Angulo de ella. Razón no les faltaba. Estaban unidos por una pasión excluyente en sus vidas: el cine.
Moselle sabía que tenía un material único en manos y se abocó a la estructura de lo que cuatro años después sería el documental que motiva estas líneas. No fue fácil para la directora ingresar a la vida de esta familia, había que contar y relatar la historia de la inserción de los hermanos Angulo a la vida civil, o, mejor dicho, de cómo ellos tuvieron que rebelarse contra el cuidado tiránico de su padre Óscar Angulo.
Óscar Angulo, cusqueño que trabajaba como guía turístico en Machu Picchu, conoció en 1989 a Susanne, joven norteamericana que se había propuesto recorrer Latinoamérica, ávida de nuevos conocimientos y aventuras límite. El peruano y la gringa se enamoraron y no pasó mucho para que decidieran formar una familia. Viajaron a New York, suerte de pascana hacia el objetivo de la pareja, Escandinavia. El plan era pasar un año en New York, pero la falta de dinero y las inevitables trabas burocráticas de inmigración, les impidió cumplir lo que habían planificado. Luego de un año de tratativas y demoras, Angulo, sospechando que el plan de viaje a Escandinavia demoraría más de lo que pensaba, decidió criar a sus hijos lejos de los peligros y la alienación del mundo occidental. Lo que quería para su familia era vivir en un contacto real con la naturaleza, por ello, no tuvo mejor idea que criar a sus hijos en un departamento de asistencia social, impidiéndoles todo contacto con el mundo exterior. Por su parte, Susanne se encargaría de la educación escolar en casa de sus hijos, recibiendo por ello un pago del estado.
Moselle ingresa al hogar de los Angulo y nos resulta evidente la desconexión de estos con la realidad, pero hablamos de una desconexión ontológica, porque pese a haber pasado parte de una vida (la emocionalmente formativa), estos han tenido un acceso a la misma por medio de las películas, programas de televisión y noticieros. Debido a esta decisión del padre de la familia, los hermanos Angulo solo podían asumir el mundo, o integrarse a él, por medio de la puesta en escena de las películas que veían (no es gratuito que en la portada promocional del documental, los hermanos aparezcan vestidos como los personajes de Reservoir Dogs).
Al respecto, no hay mucho por discutir, la decisión de Óscar Angulo para con sus hijos fue, por decir lo menos, despreciable, y Moselle se encarga de que aparezca tal cual cuando a este le toca intervenir en la película. Sin duda, esta película es la factura que Angulo debe pagar por haberle quitado años esenciales a sus hijos. Pensemos en dos secuencias: cuando los hermanos conocen la playa y cuando relatan los minutos que vivieron cuando un escuadrón antiterrorista ingresa a su departamento a la búsqueda de armas de fuego.
Por otra parte, y pensando más allá de este buen documental, haríamos bien en reflexionar y discutir sobre las historias reales que merecen y esperan ser contadas. Bien The Wolfpack podría ser un documental, y lo es a causa de su taxonomía genérica, pero sin esta tranquilamente podría pasar como una película de ficción, quizá una bajo la estructura del documental, del mismo modo un híbrido, tendencia y recurso muy presente en los proyectos creativos actuales. Moselle, aparte de dirigir este documental que recomendamos, tuvo la sensibilidad suficiente para ver una historia, o intuir que había una en ella, cuando vio a los hermanos Angulo caminar por la calle.
Basta ver el presente trabajo para darnos cuenta de que no hubo mucho dinero en su hechura, lo que nos permite abrigar esperanzas de lo que podría hacerse al respecto en contextos (como el peruano, sin ir más lejos) en los que se sufre más de la cuenta por conseguir dinero y así dar vida a proyectos que no solo se solacen en cortometrajes. Historias como esta, sobre los hermanos Angulo, las tenemos en Perú. A saber, basta con recorrer las ciudades del interior del país y toparnos con personas que se han liberado de encierros, ya sea a cuenta de regímenes de dictadura familiar, como el que acabamos de consignar, o en lo que últimamente viene ocurriendo con las tratas de personas. Si un mensaje nos deja Moselle en esta película es que las historias están en la calle y que sus protagonistas quieren contar sus historias. Para que estas historias se plasmen en registro, no hace falta mucho dinero, solo ingenio y compromiso, es decir, ver con atención el ejemplo Moselle.

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Publicado en Blog Sur

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