domingo, febrero 19, 2017

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Ya la vi. El día que veamos por televisión a Toledo, esposado, bajando del avión, en el Jorge Chávez, ese día más de uno llorará. Al menos, esta es la impresión que he podido recoger sobre el tema en los últimos días. Si recibió lo que la fiscalía dice que recibió como coima, y según los indicios parece que fue así, pues que pague por sus faltas. Pero también sé, como persona informada, que su coima no afecta la imagen de su buen gobierno, como tampoco la gesta que lideró en el 2000 contra la dictadura fujimontesinista. Claro, de esta situación hacen eco los becerriles de la política naranja, que últimamente vienen ejerciendo una abierta campaña moralista que a los pensantes nos impulsa a la risa, pero ello no quiere decir que esta resonancia no tenga eco en su feligresía, entregada a los recuerdos del asistencialismo. Basta escuchar sus discursos, la poca capacidad argumentativa que los mismos exhiben con orgullo.
Toledo se ha convertido en el chivo expiatorio de la bomba Odebrecht. Hasta el momento no pasa nada con García, ni los Humala, como tampoco pasa nada con Kenji Fujimori. Hablamos de sujetos políticos que en un país normal ya estarían bajo una investigación, sea por tráfico de influencias, lavado de activos y narcotráfico.
Por ello, se hace necesario que aparezcan nuevas voces políticas, porque solo estas nos podrán evitar el tufazo de la catástrofe que será la guerra electoral de las elecciones presidenciales del 2021. Así de hasta las huevas estamos, porque estos destapes de Odebrecht han beneficiado a los seguidores naranjas. Esta percepción la podemos ver todos los días en las calles, percepción que no encuentra su contrapeso en otras alternativas, peor cuando los llamados moralizadores también van maculados de esta corrupción importada. 
Urge, pues, la aparición de nuevos sujetos políticos.

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