lunes, abril 24, 2017

basuco

Compré Basuco, la revista de los narradores y críticos Fernando Toledo y Richard Parra. La leí en mi recurrente café barranquino, del que soy fanático por su pastel de pasto, como dice Inés, o llámalo pastel de acelga. No pensé que me quedaría mucho tiempo, porque en principio quería revisar la revista en sus aspectos generales, como el diseño, la diagramación, que exhibían un criterio que me recordó a cierta estética visual revisteril de fines de los noventa, pero esta es otra cosa, con más nervio y lejana del efectismo. Entonces, lo que parecía una revisión se convirtió en una atención excluyente, al menos durante una hora. Pedí otro espresso y cambié el pastel de pasto por una empanada de carne.
No era para menos, el editorial de la revista, Cuadrúpedo basuco, anuncia la pauta ideológica y estética que presentarán sus páginas. Si la memoria no me falla, no recuerdo haber leído un editorial que supure tanta rabia festiva conducida por senderos que cuestionan, entre otros aspectos, a las actuales tendencias narrativas, del mismo modo a las putas poses de aquellos que se hacen llamar escritores e intelectuales. En realidad, es una patada en la entrepierna que ojalá haga pensar a más de un(a) atorrante. En otras palabras, Basuco, al galope entre la ficción y el ensayo, se anuncia como una revista incómoda, y eso lo que me gusta más de este primer número, que pese a encontrar contados textos de los que esperábamos más, exhibe personalidad.
Dije que esperaba más, y al respecto pienso en los relatos de Juan José Sandoval, Indira Anampa y el buen narrador Sebastián Esponda, de quien sugiero buscar su libro El polvo de los grandes. Buenas ideas pero irregular desarrollo. También esperaba más de las respuestas de Manuel Fernández, que respondió por cumplir en la entrevista que se le realiza. Por otro lado, Basuco muestra la indicada personalidad con Miluska Benavides, Toledo, Parra, Betina González y Patricia de Souza. Mención especial merece la entrevista de Luz Vargas de la Vega a Juan Daniel F. Molero, director de la película Videofilia, que pude ver hace algunas semanas en Casa Bagre.
Para ser el primer número, Basuco pasa la prueba sin necesidad del buenagentismo valorativo. Hay que leerla y discutirla, esa es la intención del editorial, además, los textos son el testimonio de una coherencia. Editorial y contenido no vienen signados por el divorcio ético. De ser así, no estaríamos ante una revista que pretenda honrar su nombre.  
Se deduce: Basuco es una revista que incomodará, cosa que nos alegra. Ante ello, su existencia depende de la autogestión, entonces el denominado lector tiene que hacer su parte: comprarla, cuesta 12 mangos. Solo de esta manera seguirá existiendo y, muy en lo personal, prefiero que exista así, sin depender de auspicio alguno. 

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