jueves, abril 20, 2017

cuando no se condena

Hasta el momento, tres muertos dejan las protestas en Venezuela. Como ya se indicó en este blog, y para aquellos que aún no lo sepan, las protestas en dicho país están criminalizadas. Pero el pueblo venezolano ya no está dispuesto a soportar más vejámenes de la dictadura de Maduro, porque este sujeto ya se quitó la careta. Quien defienda esta dictadura refleja no solo un patente grado de ignorancia, también una visión moral de la vida que haríamos bien en cuestionar.
Anoche, mientras regresaba a casa, caminando por la Av. Arequipa, me topé con una manifestación en la embajada venezolana. La manifestación, conformada por peruanos, estaba a favor de lo que consideran un gobierno democrático, el cual lucha contra las prácticas oscuras del imperialismo. Para ser un testigo privilegiado del momento, me adentré en los islotes humanos. El discurso era prácticamente el mismo. A un par de manifestantes, aprovechando que les pasé mi encendedor, les pregunté por los presos políticos venezolanos. Ellos, mujer y hombre, de no más de un cuarto de siglo, comenzaron a hablarme pestes de Lilian Tintori, que por su culpa este país soberano y respetuoso de las libertades viene sufriendo de mala prensa. Felizmente, dijeron su barrabasada mientras prendían sendos puchos. 
Me alejé de la protesta, con el mismo paso cansino que llegué a ella. En los audífonos escuchaba una selección personal de Yo la Tengo y veía en la pantalla del cel las noticias. Me fijaba en especial en las posturas de quienes espero una postura clara en cuanto a lo que ocurre en el país de los tepuyes. Pero nada, se me presenta la misma tibieza discursiva, el infaltable hueveo digresivo que les impide desmarcarse, aunque sea en el verbo, de una dictadura. Lo veo no solo en los líderes locales, sino también en extranjeros, lo que sustenta cada vez una certeza, que nos lleva a dejar de lado la lado la sospecha razonable: el chavismo financió campañas como las de Podemos. En cuanto al contexto local, me apena cada vez más Verónika Mendoza. ¿Por qué quemar una carrera política a causa del temor de condenar lo condenable? Su campaña presidencial fue una de las más modestas, si me dicen que su candidatura no recibió ni un solo dólar, lo creo. Pero esto es insuficiente para no tenerla en el punto del señalamiento. Su campaña no se benefició del chavismo, pero quizá ella sí.

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