jueves, mayo 11, 2017

diferencias y señalamientos

Ayer miércoles, a la una de la tarde, me reuní con un par de estudiantes de periodismo de la UPC en la BNP. Ellas se contactaron conmigo a razón de un reportaje que venían realizando sobre el poco hábito de lectura de los peruanos. Acepté porque al respecto escribí hace unos días en un semanario local.
Había mucho que decir. Y en lo que diría pensé mientras me dirigía a la BNP. A una de las chicas la conocía por referencia y creí que la entrevista se realizaría en los ambientes de la BNP, pero no pudo realizarse a causa de la burocracia. Por ello, previa llamada, nos dirigimos a las instalaciones de una editorial independiente, ubicada muy cerca de la BNP. En ese trayecto, ayudé a una de las chicas a cargar el trípode, que era más pesado y grande que ella.
Conversamos sobre la logística de la entrevista. Y me enteré de que entrevistaron y entrevistarían a preclaros referentes locales, cosa que me alegró por ser considerado en tan selecto grupo del pensamiento peruano, o lo que pueda entenderse como tal.
Seguimos caminando y faltando poco para llegar, una de ellas, la que dirigiría la entrevista, me comentó sobre mi artículo de la semana pasada. Es cierto, disparé contra todos, pero cada bala estaba más que justificada. E hice una precisión, porque su inquietud también me la han manifestado otras: un intelectual que trabaja para el Estado no está libre de señalamientos por el solo hecho de ser intelectual. Las críticas y señalamientos al intelectual no deben ser vistas como algo personal, sino como una actitud natural. Ocurre que en nuestro circuito cultural solemos mezclar la calidad humana de este con su desempeño público. 
La entrevista salió muy bien. Las chicas hicieron un excelente trabajo. Y como tiene que ser: cargué el pesado trípode hasta embarcarlas en su taxi.

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