jueves, mayo 25, 2017

mesa disidente

Ayer miércoles estuve en el coloquio organizado por el filósofo español Eduardo Subirats, El ensayo como problema, en La Casa de la Literatura peruana. Llegué tarde a causa del tráfico, por lo que no pude ver el mediometraje El payaso sagrado de Jorge Castillo, pero sí las ponencias de Gergana Petrova, Silvia Garza, Martha Alzate y Elías Morado, cada cual con sus puntos de vista sobre la importancia del ensayo como registro, pero con una postura única en cuanto a la inutilidad de este frente a la academia, cada vez más desconectada y entregada a la jerigonza teórica que confirma lo que muchos piensan de esta: la desconexión con el mundo y el poco aporte de esta en la solución de conflictos sociales (en toda la amplitud de su dimensión).
Resulta curioso que una mesa como esta se lleve a cabo en la cada vez más conservadora Lima, si es que hablamos del espectro de sus luminarias del pensamiento. Los ponentes del coloquio pertenecen no solo a la academia, sino también son destacados miembros de la misma. No hay mejor ataque que aquel que se produce desde la misma entraña del objeto de crítica. Mientras escuchaba las participaciones, me fue imposible no pensar en algunas sentencias leídas y escuchadas, sobre el carácter del ensayo, en amigos que aprecio y admiro, como Miguel Gutiérrez, que en cierta ocasión me dijo que el ensayo era quizá el género discursivo más hermoso que existe a causa de su esencia absorbente y su libertad discursiva, y que además, en la confluencia de sus virtudes, el ensayo puede cumplir uno de sus objetivos paralelos: un cambio.
La academia debe aceptar su crisis. Por lo leído en estos años, es evidente que no podemos caer en el facilismo, por ejemplo, de llamar ensayos a los papers, que muchas veces son manifestaciones de conocimiento inútil, más su tara no menor de pedantería. El coto cerrado que muestran los integrantes de la academia y su nulo impacto en la vida social, son las mejores muestras de su evidente fracaso. La academia es necesaria, brinda los recursos intelectivos medulares para construir lo que se supone debe construir y no lo que viene destruyendo: el pensamiento propio. 
Si tienes tiempo, date una vuelta por la Caslit hoy jueves 25, día de clausura del coloquio. Estará bueno y correrá sangre. Participará el mismo Subirats.

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