jueves, mayo 18, 2017

bestias al volante

Ayer, mientras daba cuenta de un espresso en un café de San Borja, en donde suelo reunirme con amigos, fui testigo, en el lapso de media hora, de tres posibles tragedias. Tres bestias al volante casi matan a 2 mujeres jóvenes y un señor de avanzada edad. ¿Qué rasgo común tenían estos energúmenos? Al parecer, entre los testigos, fui el único que se percató del uso del celular por parte de los conductores. Una mano en el timón y la otra sosteniendo el celular, con lo útil que es el Hand Free.
Los incidentes no pasaron de algunos cruces de palabras, aunque de haber podido, algo hubiese hecho, pero poco o nada puedes hacer cuando te encuentras a más de cuarenta metros. Esas tres camionetas provenían de La Rambla, a una velocidad mayor de la permitida, en una suerte de piques de niños-bien, o ex niños pobres-ahora bien, dispuestos a mostrar la superioridad que deparan los fierros con ruedas, patentizando la metáfora de la prepotencia que vemos a diario en las calles. 
Mi reunión se tuvo que postergar, no me reuní con nadie, pero pedí otro espresso y seguí releyendo algunas páginas de De eso se trata de Juan Villoro, librazo que recomiendo, además, aún pueden encontrarse algunos ejemplares del mismo en librerías locales. Cuando disponía regresar a casa, un movimiento apurado al pararme de la mesa hizo que mi celular cayera al suelo. En principio, no me preocupé, mi celular tiene fuertes capas protectoras, se ha caído muchas veces. Pero al recogerlo, vi que la pantalla interior proyectaba luces intermitentes, psicodélicas. Podía recibir llamadas, sentir la vibración de los Inboxs y el Wasap, mas no responder. Por un momento sentí un contenido pánico, pero solo por unos segundos, porque comencé a experimentar un estado de libertad, un privilegio que poca gente tiene hoy en día.

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