jueves, julio 06, 2017

conocerse

Días atrás hice una donación de libros a un proyecto de biblioteca. No doné lo que me sobraba, porque libros no me sobran, pero también sé que muchos de ellos no los volveré a leer. Y un dato curioso, tenía títulos repetidos. Por cierto, todos los libros donados estaban en buen estado, no tiene sentido donar lo inservible, como lamentablemente veo en ciertas almas innobles que donan hasta guías telefónicas pasadas.
Mientras los acomodaba en cajas, uno refulgió en la fuerza de su revelación. Me pregunté qué hacía allí y me cercioré si tenía otro ejemplar en los anaqueles de mi biblioteca.
Horas después, releí esa maravilla llamada La llama doble de Octavio Paz.
Hubo un tiempo en que la releí muchas veces este ensayo del mexicano y no sé a razón de qué dejé de frecuentarlo. En este sentido, su relectura me permitió corroborar una vez más el pensamiento del mexicano, la fuerza de su vigencia discursiva.
Dice mucho, y sabe cómo decirlo.
De los no pocos senderos relacionados con el amor, abordados con erudición y sencillez, llamó mi atención cuando aboga por este en tiempos de peste, refiriéndose pues al Sida. Para cualquier “mente actual de avanzada” (entrecomillado adrede), este solo enunciado podría ser considerado anticuado, desfasado, con mayor razón cuando hemos sido testigos de las miras prejuiciosas que, al respecto, exhibió Vargas Llosa en La sociedad del espectáculo. Una muestra de muchas: para Paz el amor es la solución ante el Sida. El amor como camino opcional a la degradación del goce. Cuando se refiere a esta degradación, lo hace en función a la falta de profundidad en la idea de placer, obediente de modas de pensamiento alimentados por el efectismo y la ignorancia, asumidos por mujeres y hombres aún más ignorantes que sus emisores. Lo que indica Paz es que las mujeres y los hombres tendrían que partir de un conocimiento personal de su emotividad y sentimiento, entonces su puesta en escena, sea cual fuere su práctica, brindaría una característica básica: nuestra diferencia de los animales. 
Considero necesaria la lectura de La llama doble, más en estos tiempos de laxos discursos signados por la mentira. Un libro que tendría que reeditarse, sin duda.

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