sábado, julio 29, 2017

hova de la narrativa peruana

Tras varios días de visitas espontáneas a la FIL, puedo decir que esta es un éxito en cuanto a imagen de feria. No solo da ganas de comprar libros, sino también asistir a las charlas y presentaciones, a las que hay que llegar temprano, porque si no hallas sitio en las salas, caballero, tienes que esperar y abrigar la esperanza de que alguien salga para que puedas entrar. Nunca antes había visto esto en la la FIL, lo cual es un síntoma positivo. O puedes ir a la FIL simplemente para encontrarte con los patas, caminar, ponerte al día y terminar el periplo con una chela artesanal en el área de comidas.
Como bien dijo una amiga, hay que ser cojudo(a) para quejarse de la presente edición ferial.
En cuanto a lo que importa de una feria de libro, la variedad bibliográfica ha mejorado ostensiblemente, tal y como puede verse en Heraldos Negros, Pabellón de México, Planeta, Penguin Random House, Librería Inestable, Estación de la Cultura, Librería El Virrey de Lima, Rocinante, FCE y algunos stands más que en estos momentos no puedo recordar.  Sugiero tomarse un tiempo y buscar, y rebuscar, porque solo así se puede encontrar el libro que te está esperando, es decir, no solo quedarse en las bonitas portadas de las mesas de exhibición. Así es, hablo de huaquear.
Como ya indiqué, mis visitas han sido espontáneas, y por ello, no menos turbulentas a cuenta de la gente que encuentras. Con algunas te alegras y con otras no tienes más opción que dar la mano y abrirte sin más. Hay de todo y camino por la vía lateral de las versiones locales de Foster Wallace, Bolaño, Lispector, Faulkner, Arguedas, Max Perkins, Pizarnik y otras maravillas de la forzada imitación.
Imposible no preguntar por los libros de ficción peruana más vendidos. Los resultados son de temer. 
Me explico: una cosa es la campaña en redes que emprenden sus autores, rebotadas hasta el exceso y otra la coherencia de la misma en la respuesta del lector, ajá: su venta. Pienso en una novela anunciada como la metáfora de la violencia mundial, que ubica a su autor como la cabeza de su generación. Si cada Like y rebote fuera una venta, estaríamos ante una remota versión criolla de Stephen King, pero no se puede ser versión criolla de King si a las justas vas 27 ejemplares vendidos… La bacanería del post está divorciada de la verdad del lector, que decide en estos asuntos feriales. Hay, pues, que cambiar la estrategia promocional. Miremos el pésimo ejemplo de Christian Hova, el ilustrador que mintió a sus seguidores sobredimensionando sus logros mediante las redes sociales.

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