jueves, julio 20, 2017

no mata

Ayer en la tarde, mientras daba cuenta de un pastel de acelga y un espresso en La espiga de oro en Barranco, leía un libro de ensayos de John Gray, El alma de las marionetas, que pintaba muy bien. Le prestaba especial atención a las páginas dedicadas a Philip K. Dick, cuando por la ventana del local, la de Sáenz Peña, alguien me pasaba me llamaba. Entonces, volteo y me topo con la cara de Marco pegada a la ventana, la presión con el vidrio había deformado su nariz.
Cerré el libro y le dije que entrara a la panadería. No veía a Marco en muchísimos meses y lo último que supe de él fue que había estado de viaje por el interior, motivado por el propósito de escribir un cuentario sobre una serie de asesinatos cometidos en Monsefú en la década del veinte del siglo pasado. Lleva algunas semanas en Lima, viviendo en un cuarto que cumple con las comodidades mínimas, espacio en el que pasará a Word los cuentos, o ideas de tales, que ha estado escribiendo en cuadernos y libretas. 
Durante su periplo por pueblos norteños, Marco trabajó como asesor de comunidades, brindando charlas preventivas ante posibles desastres naturales. La paga era mínima, pero le resultaba suficiente para seguir viajando y “captando impresiones”, tal y como me decía mientras daba cuenta de un capuccino. Y sobre él estuvimos hablando, o más bien, lo estuve escuchando; en su discurso impresionista le era imposible librarse de “captando impresiones”, “graneando la vida”, “soliviantando la furia”, “buscando la pulpa de la vorágine”, “escarbando en mí” y demás huachafadas dignas de escritor peruano promedio no necesariamente con libro publicado. En otra ocasión hubiese hecho el señalamiento respectivo, pero si algo he aprendido es que puedes cambiar muchas cosas, menos extirpar la raíz del mal gusto. La huachafada, felizmente, no mata.

5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

"Ayer en la tarde, mientras daba cuenta de un pastel de acelga y un espresso en La espiga de oro en Barranco, leía un libro de ensayos..."
Tamare, si esto no es terriblemente más huachafo que "captando impresiones” o “graneando la vida”, ya no sé dónde estamos.
Agustín B.

8:35 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Efectivamente, estimado Gabriel, cunde la huachafada entre nuestros narradores, también en nuestros poetas y críticos.

M. Z

1:06 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

bueno, creo que hay una enorme diferencia entre la primera frase y los señalamientos posteriores, ¿no?, a menos, eso sí, que se carezca de visión de vida, criterio elemental y se opine desde la condición de pecho frío... la diferencia es obvia, a reflexionar antes de comentar por favor.

6:07 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

jajaja a ver, para empezar: reflexionar?? tener visión de vida para comentar un post tuyo? no pues, ni que fueras edmund wilson. Y no, no hay mayor diferencia entre tu huachafada y la del otro. Aunque sí, sí la hay: la del escritor peruano al menos tiene que ver con escribir una obra, aún en la ineficiencia, la pose o el defecto que puedas achacarle; tu huachafada en cambio es tan brutalmente ególatra e inservible que asquea, ya que es solo para que te solaces alucinando tu propio ombligo. En fin, suerte, pecho frío (sí, postear y criticar a un escritor peruano desde un café y comiendo un pastel de acelga es lo más pecho frío que puede haber.)

Agustín

8:45 a.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

?
en serio leo lo que leo?
ese razonamiento del simplón: una imagen de alguien comiendo es equiparable a las frases huachafas que consigno en el post?
hay pues una evidente falta de cultura y harto prejuicio en quien comenta, que se hace llamar "agustín"... marco agustín?
como sea, señor, piense mejor, calibre sus ideas, si no está segura de ellas, no comente, y no hay nada de malo en no comentar...

12:25 p.m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal