lunes, marzo 08, 2010

Javier Ágreda sobre LO QUE OTROS NO VEN

Leeré la promocionada novela LO QUE OTROS NO VEN (Mesa Redonda), de Silvia Núñez del Arco, en los próximos meses. Voy a esperar que baje el furor hormonal. Más allá de frivolidad en la que la debutante autora se ha visto envuelta, creo que merece –como todo autor- una lectura objetiva y desapasionada.
Mientras más comentarios sean generados por una publicación, es mejor. En el caso de las reseñas, estas son a fin de cuentas una opinión más. Por ello, los escritores no deberían temer en mandar sus publicaciones a los críticos de los medios. Es mucho más saludable una opinión dura que gozar del efímero y falso reconocimiento de los bares, cafés y patios de letras.
Para nadie es una novedad que el reseñismo peruano no atraviesa un buen momento. Y no creo que sea por la falta de capacidad, sino a que cada vez más los encargados de comentar tienen poco espacio en sus respectivas columnas. Debe ser muy difícil dar cuenta de estupendos libros en menos de 300 palabras, por ejemplo.
Lo que yo busco en el reseñismo es honestidad. Nada más. Y pese a las diferencias que pueda tener con el experimentado crítico Javier Ágreda, siempre he reconocido en él su honesto punto de vista. No se presta a los intereses, ni a los amiguismos, lastres que le vienen haciendo muchísimo daño a la literatura peruana de los últimos años. Sobre este fenómeno chocheril espero subir un post en el futuro.
A continuación, la reseña de la novela de Núñez del Arco.


“Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene”, escribió el mexicano Juan José Arreola. Y Lo que otros no ven –primera novela de Silvia Núñez del Arco (Lima, 1988)– trata precisamente de eso, de la metamorfosis sufrida por la protagonista (Lucía López del Prado), al pasar de los sueños de Mateo (su enamorado de adolescencia) a los de su maduro amante Manuel Lindly (un nada disimulado Jaime Bayly). En otras palabras, Lucía quiere dejar de ser el estereotipo de la joven limeña de clase alta (conservadora, frívola y bastante tonta) para convertirse en una escritora bohemia, genial y transgresora.
Lo malo es que tan radical cambio de la protagonista no se muestra en la propia ficción. Lucía puede estar en un cuarto de hotel con Manuel, pero sus palabras y actitudes siguen siendo las de una limeña conservadora, frívola y, especialmente, tonta. No se atreve a probar ninguna droga fuerte, ni tiene mucho interés en el sexo (sí en la moda y en verse siempre delgada), y solo después de años de relación de pareja se entera de que Mateo tiene una esquizofrenia severa. Se lo dicen, porque ella, a pesar de sus estudios universitarios de psicología, nunca lo nota. Y sobre su repentina vocación literaria, no pasa de un par de menciones breves de que le gusta la lectura y está escribiendo una novela.
Como sucede con Lucía, tampoco esta novela llega a convencernos de que su autora, Silvia Núñez del Arco, es una buena escritora. Para empezar, hay demasiada torpeza en el manejo del lenguaje (léxico pobre, exceso de verbos, palabras que se repiten hasta desgastarse); ni siquiera encontramos esos chispazos de creatividad que suele haber en los primeros libros de los escritores jóvenes y talentosos. Algo similar sucede en los demás aspectos “narrativos” (personajes, situaciones, desarrollo de los temas). Sin duda, el mayor atractivo de Lo que otros no ven son los detalles de la vida íntima de Lindly; pero esas cosas ya las contó, y mucho mejor, el propio Jaime Bayly.

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