domingo, enero 31, 2016

411

Me levanto tarde. Tengo ganas de seguir durmiendo, pero los  llantos de Onur me preocupan. Ha quedado encerrado en el patio de atrás, entonces me paro y voy a abrirle la puerta de vidrio. 
Abro la puerta y el perro se va corriendo a la puerta delantera de la casa, que está abierta porque mi padre está comprando los diarios del domingo. Se me paraliza el corazón, la velocidad del perro lo puede llevar hasta la pista misma, como es cachorrito, aún no se ubica bien. Entonces voy tras él. 
De vuelta en casa, me sirvo jugo de naranja, café y me sirvo un tamalito de chancho. Me pongo a revisar los periódicos, me quedo leyendo durante más de media hora. Mi desayuno es interrumpido por una llamada de un amigo, que me dice que a algunas autoridades municipales nos les ha gustado una nota sobre Quilca publicado en un semanario local. Le han dicho que si no mandamos una carta notarial negando el contenido de la nota, no solo nos quitarán el apoyo, sino que también me van a denunciar. 
No me hago problemas. No haré ni mandaré ninguna carta notarial, tampoco negaré lo que se dice en la nota de la revista, una nota equilibrada, que ante todo dice la verdad para ambos lados del conflicto. Esa es la única nota que ha cubierto el desalojo de los libreros de Quilca. El único medio que vino y se atrevió a investigar e informar, fue ese. Los otros medios, en los que tenemos muchos amigos, no se atrevieron a hacer nada, algunos limitándose a la redacción de notas descriptivas que no se ajustan a la verdadera causa de los hechos. La razón es muy sencilla y debemos aceptarla como una verdad contra la que hay que luchar si es que se pretende informar: mucha publicidad en los medios de comunicación viene con el aval moral de la iglesia. 
Hago algunas llamadas para contar lo sucedido, pero también para expresar mi postura al respecto, que no voy a mandar ninguna carta notarial a la revista, negando lo que es verdad, solo porque un alcalde no quiere verse perjudicado en su propuesta inicial que en sí equivaldría a una metáfora por demás lacerante: nuestras autoridades políticas no tienen la más mínima noción de lo que es política cultural. 
Termino de hacer la última llamada y me alisto para el primer duchazo del día. En Spotify busco una seguidilla de canciones de Yes, me ubico en la etapa más progresiva de la banda. Comienzo a escuchar. La electricidad circular es lo que uno más necesita en estos momentos, sea para olvidarse de las cosas o para seguir firme en las decisiones que se han tomado, no necesariamente en relación a lo de la carta notarial, sino en que se tiene hacer algo contra lo que uno ve todos los días, la conchudez de ciertos candidatos como ese pigmeo diabólico, dueño de no sé cuántas universidades.

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