miércoles, mayo 18, 2016

José Luis Rénique: "Imposible pensar en cómo construir una nación moderna en el Perú sin preguntarse por el 'indio' "

Una de las impresiones que tenemos al final de la lectura del libro es que somos el país de las oportunidades perdidas si hablamos de reivindicar a los peruanos del interior del país. Todas las luchas o revoluciones que han acaecido en nuestra historia han tenido un objetivo patente: sacarlos del ninguneo y rescatarlos de la injusticia. 

Por obvias razones históricas, demográficas, socioeconómicas, la idea de una revolución de base andina o agraria ha tenido gran arraigo en el Perú. Una gran dosis de ideología se requería para concebir una acción revolucionaria eficaz en un país tan fragmentado como el Perú.  Ahí están los resultados para demostrar las grandes limitaciones de que estos experimentos adolecían. Había que imaginar actores y escenarios articulando un guión insurgente sostenido a punta de voluntarismo. Hubo momentos de efectivo engarce entre militantes urbanos y masas rurales, nunca lo suficientemente efectivos como para sustentar algo remotamente similar a lo ocurrido en México 1910 o Bolivia 1952. Entre 1960 y 1990, se vivió una cuasi crónica agitación rural. A la par con ello, sin embargo, el Perú se urbanizaba y Lima se convertía en la megalópolis de hoy. Los hijos y nietos de los rebeldes agrarios imaginados por los militantes urbanos de los 60 y 70 protagonizaron el “desborde popular” y son quienes  eligen hoy a los gobernantes del país. Más que de “oportunidades perdidas” habría que referirse a una “modelo peruano” de transformación social de un país de grandes mayorías indígenas y con una “herencia colonial” singularísima, solo comparable con la de México. 

No se puede escribir o pensar en el Perú sin tener en cuenta al indio y su problemática. 

Imposible pensar en cómo construir una nación moderna en el Perú sin preguntarse por el “indio”. En mi libro Imaginar la nación: viajes en busca del “verdadero Perú”, 1881-1932 examino los esfuerzos en ese sentido de nueve intelectuales y políticos peruanos (González Prada, Matto de Turner, López Albújar, Ventura García Calderón, Riva Agüero, Valdelomar, Valcárcel, Mariátegui, Haya de la Torre), el “problema indígena” en cada uno de esos casos estaba al centro de sus preocupaciones. El fascinante despliegue de análisis, creatividad literaria, invención ideológica y  también utopía no alcanza, sin embargo, para desentrañar la gran complejidad del problema. Conocer sus trayectorias es todavía toda relevante lección de “peruanidad”. Sin caer en tremendismos, es importante no subestimar la distintiva complejidad del Perú. 

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