miércoles, diciembre 14, 2016

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Al menos lo intenté, y el intento fue exitoso durante un par de semanas en las que mi sueño fue normal, pero esta madrugada no fue así, aunque por un momento pensé que mi falta de sueño se haya debido al mensaje a la nación de PPK, que tantas reacciones no pensadas/no reflexionadas viene motivando en la red. En lo personal, prefiero ver ese mensaje como el primer paso de una estrategia mayor, porque a las ratas naranjas y a su recua de matones se les tiene que vencer con astucia, no con prepotencia, no en igualdad de fuerzas, porque las ratas y su recua son más, y no por actitud, sino porque estas cuentan con el apoyo de millones de compatriotas desinformados, aún más furiosos por la derrota electoral que sus tristes referentes naranjas. Albergo esa esperanza, de estar ante una estrategia mayor. Pero también sé que de no ser PPK el presidente, si en su lugar estuvieran Mendoza, Barnechea, Guzmán o Toledo, la actitud que tomarían en un contexto como este sería la misma, o peor.
Pero no fue el mensaje de PPK lo que me ha devuelto al insomnio, sino un texto que olvidé editar y que trabajé en las últimas horas, texto que al someterlo a escrutinio, me ha quedado de la putamadre. Algo me dice que el texto de DK le hace honor a la serie que lo inspira, Breaking Bad, que para editarlo, y corroborar cierta información perdida en el olvido, hizo que fuera a mi cuenta de Neftlix y la busque, y de esta manera recorrer ciertos capítulos que, en gracia involuntaria, me transportó a las horas de los días en que me entregaba a incansables maratones de esta serie, siendo testigo adrenalínico de la transmutación de Walter White, pero esta vuelta salpicada permitió que me fijé en algunos personajes a la vez presentes y ausentes de mi memoria, como la temible Skyler, a quien solía llamar “Doña Tentación” y Gus Fring, el narco dueño de Pollos Hermanos. 
A las 5 y 30 de la mañana sintonizo en Fox Sports la Semifinal del Mundial de Clubes entre el Nacional de Medellín y el Kashima, práctica que sin duda repetiré mañana para ver el Madrid contra el América. Me sirvo café, pero Onur se me acerca y posa sus patas delanteras en mis rodillas. No sé si quiere que lo saque al parque o comida, o ambas cosas. Mientras decido, porque estas cosas se deciden en cuestión de segundos, el Kashima se pone en ventaja. Entonces no lo pienso más, pronuncio la palabra que electrifica a mi falso pekinés: “vamos”. Y busco su correa, y eso es lo que me apena, tanto hemos engreído al perro en casa, que no le hace caso a nadie. Por eso le tengo que poner la correa, en caso contrario, nada lo detiene hasta encontrar a alguna perra, porque su otra función en la vida es preñar perras, porque ellas lo buscan, valgan verdades.

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