sábado, diciembre 10, 2016

criterio y voluntad de servicio

Sobre la designación de Salvador del Solar como Ministro de Cultura no hay mucho, en realidad nada, que cuestionar. Más allá de su carrera actoral, por la que es conocido en el imaginario nacional, como también internacional, Del Solar ha demostrado competencia y solvencia en otras parcelas. Digamos que hablamos de un hombre que se ha preparado, además, tengo la impresión de que esta preparación no ha sido planificada con el único objetivo de cumplir roles ajenos al cine en un futuro inmediato o lejano, y si así fuera, no tendría nada de malo, sino que esta preparación ha sido conducida por el sano afán del aprendizaje.
Ahora que medio mundo se ha convertido en amigo de SDS, confundiendo amistad con buen trato, porque hay que ser justos: SDS tiene don de gente y ese sí es un detallazo en un circuito cultural por demás corroído por el egocentrismo y la patanería; por ello, más de un desubicado arribista lo considera su pata de borracheras y compañero de discusiones caviarionas. Más allá de su don de gente y nivel intelectual, lo que un ciudadano como yo espera de su gestión, son precisamente dos aspectos que han brillado por ausencia en los antecesores del cargo que hoy ocupa: voluntad de servicio y criterio.
En verdad, no creo que sea muy difícil hacerse cargo del Ministerio de Cultura, y esta impresión la puedo llevar hacia otros poderes ministeriales, menos a los de Economía y Educación, que son otra cosa.
Lo que ha brillado en el Ministerio de Cultura desde su creación ha sido el desdén por el criterio. Veamos pues las endebles redes de corrupción que se han formado, fijémonos en la logística de elección de sus directores, etc. Pero ante todo, indiquemos su nefasta conexión que este poder ministerial tiene con la población. Basta preguntar a cualquier ciudadano de a pie sobre la existencia de este ministerio y prestemos atención a su respuesta, reveladora y vergonzante para todo aquel que llena su boca a cuenta del discurso cultural. No sorprende esta impresión del hombre/mujer de la calle, porque poco o nada puede percibir de un ministerio que nunca ha mostrado voluntad de servicio por medio de sus líderes. Quienes integran las oficinas de ese edificio de estilo brutalista de San Borja, y a las pruebas me remito, no conocen la realidad peruana, y como no la conocen, lo que hacen es percibido por el ciudadano como una extravagancia digna del más puro hueveo.  
Entonces, SDS, como artista e intelectual de buena voluntad, tiene la solución a la mano, y en esta oportunidad está llamado a poner de relieve lo que pocos conocemos de él: voluntad de servicio. Y lo tiene que hacer bien. A diferencia de los otros inútiles que lo antecedieron, a excepción de Luis Peirano, él sí tiene mucho que perder si es que no hace funcionar (poner a trabajar) este ministerio necesario para el país, un ministerio que más de un iletrado tecnócrata quiere desaparecer. Al respecto, todos somos testigos del nefasto poder de la tecnocracia.

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