jueves, enero 12, 2017

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Me sirvo un café cargado y no demoro en sintonizar Canal N. Se tiene que ver lo que se tiene que ver: la protestas en Puente Piedra por el abusivo cobro del peaje, porque este peaje, herencia de Castañeda y Villarán, es una metáfora de la cólera de un esforzado pueblo hartado de cojudeces. Por lo visto, y recalco que lo hago desde la comodidad de mi casa, hubo intromisión de personas ajenas a la protesta, que son las que convirtieron a la misma en un campo de batalla, escenario cubierto por el periodismo local, que cumple su natural función de informar. Pero pienso también en la estupenda oportunidad que un evento como este ayudaría a un potencial narrador, pero ya vemos que nuestros narradores andan más preocupados en eventos más importantes: su convulsionado mundo interior.
Si no me equivoco, el gran Gay Talese señaló que al periodista de hoy le falta la formación discursiva del escritor, pero este carece –por flojera- del afán documentalista, detalle que le impide salir a la calle y respirar ese condimento medular para la prosa: vida. Pero en lo que Talese también incide, y no puedo estar más que de acuerdo, sindicando como el mayor lastre del periodista y del escritor hoy en día: su aburguesamiento. El aburguesamiento aniquila el compromiso interior que se expresa al momento de informar, crear y, como vemos últimamente, en la articulación del pensamiento. Veamos el show: el periodista promedio se saca la mierda pensando en ser contratado por El Comercio; miremos al escritor peruano, escribiendo con el único fin de ser fichado por Planeta o Random, buscando una mesita de participación en el Hay Festival. Hablo pues de un aburguesamiento a la mala…
Volveré sobre el tema en otro post. 
Por el momento debo realizar una actividad excluyente: bañar a mi perro.

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