domingo, enero 29, 2017

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Cosa extraña, pero no menos gratificante, levantarse con el “Good Morning, Good Morning” del St. Pepper´s de The Beatles. La somnolencia desaparece y me siento ribeyriano solo por el día de hoy.
Me preparo café, aunque previamente, hago una serie de pesas en cada brazo y bebo agua fría. Mi perro se me queda mirando. Mis padres han salido temprano y la casa, en su soledad, se convierte en el espacio idóneo para descifrar mis sueños de la madrugada. Tengo presente lo que me dijo hace un tiempo mi amiga Erika en cuanto a los sueños, sobre su cualidad de privilegio. Lo que soñé no fue un sueño, pero tampoco una pesadilla. Al igual que los híbridos narrativos, este sueño se caracteriza por haberme sumergido en la perplejidad. Pienso en su posible origen, que rastreo en algunos libros que he estado leyendo últimamente, como también en algunas películas iraníes. Como fuere, me he convertido en una extensión de esa perplejidad.
Se me antoja desayunar y salgo a comprar pan con chicharrón, también los periódicos del día. Pero antes le pongo la correa al falso pekinés, Onur. El falso pekinés experimenta una posesión cada vez que escucha el sonido de las hebillas de su correa. Me salta de la misma manera en que recibe a mis padres cuando vienen de la calle. Se pone tan inquieto, en muestra de su felicidad, que me veo obligado a detenerlo para colocarle con su correa. 
La mañana nos deparará más de una sorpresa.

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