miércoles, febrero 08, 2017

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Ayer, luego de mi último post, cerca de las tres de la tarde, mientras disfrutaba de una ensalada y viendo también un documental sobre el fin del dictador libio Gadafi, recibo la llamada de Carlos, que me pone en aviso con lo que viene con el organizador del FIP en Facebook.
Bueno, según uno de los indicadores de visitas del blog, mi post sobre el FIP tuvo su pegada. Pero lo que ocurría en Facebook era otra cosa, a algunos les pudo parecer un juicio sumario, para otros algo simple: la puesta en escena de las consecuencias de la pendejada. Al respecto, no me sumaré al cargamontón, suficiente con los destapes de los ex colaboradores de Sandoval, que para pena de muchos, son más que atendibles. Solo diré que la vida se encarga de poner las cosas en su lugar, que de nada sirve fabricarte una imagen de pulcro cuando vienes arrastrando conductas que cuestionan precisamente esa imagen inmaculada. Sandoval hizo méritos suficientes para perder el respeto, y una vez que lo pierdes, ya no lo vuelves a recuperar. La poesía no se mancha, así es la figura.
Prendo la portátil y busco en Spotify el homónimo álbum de The Clash, de 1977.  Últimamente mis gustos setenteros se centran en ese año, que hasta hace no mucho asumía como el más laxo de aquella década, pero no, a medida que vas informándote, descubres datos y sucesos determinantes para el acontecer peruano y mundial. La investigación me lleva a ver de otra manera ese año, hasta podría decir que me invade una sensación de revelación. En ese aspecto, mi percepción ha permanecido mucho tiempo entrampada en tópicos que poco o nada sumaban, tópicos que obedecían a los intereses colectivos, no los personales. 
Después de escuchar el álbum, me conecto al Face. Entre las solicitudes de amistad que recibo, y vaya que vengo recibiendo muchas y no sé a cuenta de qué, encuentro una que obedece al nombre de Cejo Roveka. Entonces, antes de analizar esa cuenta, me sirvo un jugo de naranja y prendo un pucho, cosa que en la claridad de la mañana descubro quién se esconde detrás de ese nombre de traca. Creí que el asunto me tomaría tiempo, pero no. Lo descubrí en cuestión de segundos, no fue necesario llamar a los serviles peones del cachetadismo. Lo descubrí a razón del innato mal gusto que signa al líder de este movimiento. Bloqueo, pues, a este delincuente, dejándole antes un pequeño mensaje sobre el arrepentimiento y las consecuencias de la inmoralidad. Ojalá lo pueda entender el cachetadista Cejo Roveka.

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