sábado, febrero 04, 2017

muchos comunicadores, pocos periodistas

Aunque no viene discutiéndose como el asunto ameritaba, quizá debido a la atención que generan las inclemencias de la naturaleza y la bomba expansiva de corrupción del caso Odrebrecht, y quiero pensar que es así y no en un acuerdo tácito entre los miembros del gremio periodístico peruano, que como tal arrastra las mismas taras de muchos gremios en este país.
No hay actividad más expuesta a un constante escrutinio público que la periodística. Por ello, resulta penoso lo que estamos viendo en Ipys, cuyos Premios Nacionales de Periodismo recibían financiamiento de la transnacional Odrebrecht. Y en lo personal, me resulta doblemente penoso el rol que cumplió Augusto Álvarez Rodrich, porque de los periodistas peruanos en actividad, más de uno creía que estábamos ante un hombre íntegro. Sin embargo, las pruebas nos han demostrado que era un estratégico indignado, un silencioso lobista que cumplía su labor en función de fines reñidos con la ética periodística.
Lo de AAR es solo la gota final, y reveladora, de un vaso lleno de agua podrida. Porque en eso se ha convertido el periodismo peruano desde hace no pocos años: en una práctica que en lugar de buscar la verdad, está sujeta a los intereses de sus patrocinadores. De esta apreciación no se salvan ni los medios (auto)denominados independientes.
Podríamos pasar mucho tiempo barajando los motivos que cimentaron este grado de putrefacción en el periodismo peruano. Por un lado, los periodistas con trayectoria, o con algo de recorrido, asumieron su ejercicio no como un fin, sino como un medio de trepaduría social. Por eso ahora vemos a muchos hombres y mujeres de prensa preocupados más en pagar sus hipotecas que en investigar lo que se debería investigar y denunciar en la libertad que obsequia el oficio. Porque eso es lo que obsequia el periodismo: libertad para informar, libertad para denunciar y libertad para investigar. Esta mentada libertad comenzó a ser socavada cuando los grandes medios de comunicación decidieron portarse como empresas con un objetivo establecido: proteger sus intereses. A saber, sorprende que un diario como El Comercio no tenga a la fecha una Unidad de Investigación. En algún lugar quedó la escuela periodística de este diario. Sin duda, debajo de cientos de cajas con facturas.
No menos triste e indignante es ver a la nueva generación de periodistas peruanos. Uno piensa que está ante una broma barrial, pero no. Hablamos de una realidad que goza de la celebración virtual de sus actuantes. La experiencia librera me permitió conocer a más de un pulpín del periodismo actual, a más de un digno representante de la generación de Raymond Manco. Basta ver el contexto: ahora el egresado de las escuelas de periodismo o de las facultades de comunicación, demuestra de arranque su meta: sacarse la mugre para ser contratado por El Comercio, destino al que no llega el mejor, sino el menos inculto y el más relacionado. Pues bien, esa es la marca mayor que signa al nuevo periodista local: su incultura, que se refleja en su escasa concentración para leer, característica que se refuerza en la inexistencia del carácter rebelde, alimentado por la propensión a la docilidad y la obediencia ciega exenta de espíritu crítico. O sea, gracias a la pulpinada, tenemos la aparición del periodista marioneta, que anhela ser como el patrón lobista, el patrón exitoso que firma y genera aceptación en las redes sociales. Al periodista pulpín no le interesa la verdad, ni informar en libertad, lo que a este mutante le interesa es ser aceptado.
Ser comunicador no es lo mismo que ser periodista. Obviamente, las escuelas y facultades de comunicación preparan a miles de jóvenes en ramas como la publicidad, las relaciones públicas y el periodismo, y el resultado que vemos no es más que una letal confusión de conceptos que manda al sótano la vocación que requiere el periodismo para su ejercicio, vocación que no se aprende en las aulas, sino con la visión de vida, hija, en la mayoría de casos, de los principios que se asimilan desde casa. Se puede aprender la logística del periodismo, pero saber de ella no convierte a uno en periodista.
En el último lustro esta básica diferencia entre el comunicador y periodista se ha convertido en una sola carne de pésimo sabor, de la que cada día somos involuntarios testigos de sus frutos. Por ejemplo: el periodista pulpín sobredimensiona su rutina de acuerdo a su posera (o quizá fundamentada) postura ideológica; el periodista pulpín sale a conquistar el mundo, orgulloso de la agenda Delivery a cumplir; el periodista pulpín alucina que su herramienta de trabajo es la portátil, la cámara, la grabadora, la filmadora o, en el colmo de la estupidez, su carné de periodista. Sobre este último punto, ya lo sentenció Gay Talese: “la verdadera herramienta del periodista es el lenguaje”.
Así es, la principal herramienta del periodista es el lenguaje. Pero esta herramienta no es nada sin la convicción. Quien piense que el periodismo es una actividad “pajita”, pues no es más que un publicista o un relacionista público. El periodismo es un oficio que genera satisfacciones, pero para llegar a esas satisfacciones tienes que sacarte la mierda en la realidad, pero en la realidad real. Y cuando hablo de realidad no me refiero a la práctica del periodismo Google. 
Tanto los periodistas trajinados como los nuevos necesitan alimentarse de ejemplos vivos. Pensemos en la trayectoria de Gustavo Gorriti, también pensemos en el ejemplo de independencia que brindó hace algunos años Jaime Cabrera, que no se prestó a la censura de la mandamás del Grupo al que pertenecía el diario para el que trabajaba. Tampoco olvidemos la consecuencia de Fernando Ampuero en el caso de los Petroaudios, el sonado destape de corrupción ocurrido en el segundo gobierno aprista; pero ante todo fijémonos en el magisterio de César Lévano, y para tener una idea de su legado, recomiendo la lectura del librazo que motiva este post: Rebelde sin pausa: Vida y obra de César Lévano de Paco Moreno.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

levano, lee Hildebrant en sus trece y el asunto de diario 1 y lo que cuenta el periodista Llamil Vasquez sobre como le deben meses de sueldo y el juicio que aun le sigue a ese diario que dirige levano.

9:19 p.m.  

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