miércoles, febrero 22, 2017

intereses

Sabemos que la institucionalidad de este país puede ser una mierda, como sabemos también que lo es el sistema que la sostiene. Cuando lo anormal es regla y lo normal es suceso, ese es pues nuestro querido Perú.
Por ello, nos podemos sentir ligeramente satisfechos, aunque sea podríamos respirar un poco, reafirmar fugazmente nuestra fe en el sistema, creer que aún impera en nuestra sociedad una reserva moral, o si gustas, la puedes llamar sentido común.
Ya era hora. Estaban pasando piola. Mucho Odebrecht y poca atención a los narcodólares de la tienda naranja, y, claro, demasiada conchudez de esta exigiendo profilaxis en la política nacional.
Por ello, se saluda que la Fiscalía incluya a la líder naranja, Keiko Fujimori, en la investigación que por lavado de activos le sigue al también líder naranja Joaquín Ramírez. Así es, el hombre que se portaba con el dineral de la campaña presidencial de la hija del ex dictador.
Sin embargo, no causa extrañeza que pocos medios den cuenta de esta noticia. Lo sabemos, y de sobra: los grandes medios de comunicación han demostrado eficiencia en nobles objetivos: la noticia estratégica para no chocar con sus intereses, como hoy, políticos. Pienso en El Comercio, en Perú 21, desentendidos como medios de comunicación de referencia, convertidos en empresas que cuidan precisamente sus empresas. 
Ese es el periodismo peruano del presente siglo, y al parecer no pocos periodistas están felices con pertenecer a él. El cuestionamiento y la búsqueda de la verdad no son sus medios ni sus fines, les basta y les sobre con la docilidad.

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