jueves, febrero 09, 2017

sobre tetazos y marchas

Cosa extraña desayunar rico y leyendo a la vez las noticias locales, tanto en periódicos como en webs.
Aunque suene a lugar común: este país es único.
Sigo leyendo las noticias, pero no falta nada para que mi día se desborde en las oscuras aguas de la indignación, indignación que debo controlar para no macular la jornada. Sin embargo, no puedo contenerla por culpa del buen Juan Diego, buen narrador sin libro, talentoso diagramador y alma de los sabatinos tonos olivenses.
Juan Diego, o más conocido como “Ron Damón”, me manda sus mensajes del día.
Un par preguntas de este amigo: ¿qué opinas de un tetazo en Lima, como el que se ha hecho en Buenos Aires?, ¿qué opinas de la marcha contra la corrupción convocada por Verónika Mendoza?
Me sirvo otra taza de café y fijo el aire del ventilador hacia mí. Prendo un pucho.
Cómo no estar de acuerdo: un tetazo en Lima tendría más resonancia que el realizado en Buenos Aires, que más de un primerizo celebra como si fuera un acto de avanzada. Cualquiera puede hacer un tetazo en pleno Obelisco. En cambio, un tetazo en esta ciudad caliente, húmeda y de cielo gris, sí sería un hecho histórico, una fuerte y achorada llamada de atención a una sociedad que sigue maltratando a sus mujeres desde todas sus instancias. Claro, para ello necesitamos de genuinas mujeres líderes, con discurso, consecuencia y buena voluntad. Lo digo en relación a la payasada de Niunamenos, colectivo que hizo alarde del activismo Mainstream, cuyas líderes terminaron peleándose por su representación legal, líderes que acusaban a los abusivos de mujeres de acuerdo a su cercanía, exhibiendo una tibieza argumentativa digna de un sargento de comisaría que a diario recibe las visitas de mujeres golpeadas, violadas y destruidas psicológicamente, mujeres a las que hace sentar, a las que florea, mientras que en su mente se manifiesta el fuego de su pensamiento: “semejante huevona”. Luchar por la igualdad en Perú es cosa seria. Un tetazo, o variante parecida, expondrá a sus manifestantes a ser echadas en menos de tres minutos a punta de palazos por las fuerzas del orden. Por lo tanto, estas luchas deben ser dirigidas por mujeres íntegras, que no le entren en vainas y que gocen de la legitimidad de la consecuencia de su discurso.
En cuanto a la guapísima Verónika Mendoza. Cada día tengo el panorama más claro sobre su postura, pero esta claridad viene acompañada de una inevitable desazón: ¿cómo una mujer tan inteligente como ella puede estar rodeada de gente tan imbécil? Suena a conchudez su marcha contra la corrupción cuando lo primero que debe hacer es aclarar su participación en las agendas de Nadine Heredia. No se puede liderar una marcha contra la corrupción si medio país piensa que su promotora ha fungido como la chiguaguín de la ex primera dama. No pues, la lucha contra la corrupción no puede erigirse como el tópico moral de la izquierda, menos cuando se sabe que el candidato que esta apoyó era el candidato de Odebrecht. Sea quien sea la persona que promueva esta marcha, esta debe ser el reflejo de la incuestionabilidad. 
Ahora, para encausar el día hacia estancias saludables, escucharé un álbum de la putamadre, ideal para estos días de sol de febrero: Dear Catastrophe Waitress de Belle and Sebastian.

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