sábado, marzo 11, 2017

cuando el dinero importa

La renuncia en serie de los ahora ex columnistas del diario Exitosa, circunstancia producida por la llegada de Phillip Butters a la radio homónima, ha generado una serie de adhesiones en las redes sociales para con los renunciantes, entre los que habría que subrayar una sustancial diferencia: los recurrentes y esporádicos.
Los esporádicos bien pueden quedar fuera del señalamiento del presente post. No así los recurrentes, más de uno con no pocos años de experiencia en el periodismo de opinión, los suficientes para saber que desde la aparición del diario este jamás dejó de exhibir una ética periodística por demás dudosa.
Si había un medio capaz de albergar a un conservador ultramontano, sin pedirle que este pida las disculpas pertinentes por la sarta de ofensas proferidas, por la incitación al odio que yace en la más rancia intolerancia, durante la marcha del pasado sábado 4, ese medio era precisamente el de la familia Capuñay.
Bien sabemos que los medios tradicionales de comunicación se encuentran atravesando una incómoda etapa de tinieblas, el entredicho en cualquier momento les puede explotar en la cara. En este sentido, la estrategia de defensa de muchos de ellos es no tocar como se debe ciertos temas que atenten contra sus intereses, sea económicos, o peor, los reñidos con la ética periodística, como ya lo hemos visto con algunos abanderados de la moral periodística que terminaron siendo beneficiados por Odebrecht. De los medios impresos, solo un par pueden salvarse de la crítica, por el momento, puesto que no existen ni indicios, ni pruebas, de que el aceite también haya recorrido sus venas. Aún hay pues un poco de decencia y coherencia en contados medios de comunicación peruanos.
Se colige entonces que los medios de comunicación de la familia Capuñay solo tienen un norte, un patente objetivo: el poder mediático cueste lo que cueste. Basta recorrer la manera en que han venido enfocando las noticias de interés nacional en Exitosa, sea en radio y diario. Pero ahora no es necesario hacer este recorrido virtual y físico, suficiente con el fichaje a Butters, fichaje que pone en relieve los valores que desde siempre han mostrado los Capuñay en cuestiones de comunicación y periodismo. Ya sabemos cuál es su prioridad, el dinero. Por ello, convierten en plastilina discursiva los principios de la libertad de expresión, principios que en los últimos días adecuan para justificar la contratación de Butters. 
El arribo de Butters no es más que el guindón que le faltaba a la torta de chantilly de la empresa de los Capuñay. Por ello, muy bien, palmas para los columnistas recurrentes que acaban de renunciar al diario Exitosa, pero desde este espacio les pido que se refresquen de la indignación, porque ellos sabían perfectamente para qué medio estaban escribiendo.

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