domingo, abril 16, 2017

contra la indignación pasiva

Un libro que no dudo en recomendar: Morir de amor (Aguilar, 2017) de la periodista Teresina Muñoz-Nájar. Y lo recomiendo porque su lectura no debe quedarse en dicha experiencia, sino hacerla pragmática. De no ser así, esta publicación solo será parte de la hoja de vida de la autora y considero que esa, ni por asomo, es su intención.
Bien sabemos que se ha estado escribiendo mucho sobre el feminicidio en el Perú. Sin embargo, es justo señalar que la mayoría de estos textos hacen alarde una de jerigonza que impide llegar a un público mayor. Ante esta realidad, especulamos sobre la existencia de la presente entrega de Muñoz-Nájar, que también habría que asumir como una postura, porque un libro de este respiro sin postura, sin toma de posición, no tendría la más mínima validez moral.
La autora nos presenta cuatro casos de feminicidio, que vendrían a ser la metáfora de cómo la sociedad peruana trata y desarrolla los abusos y asesinatos contra las mujeres, que por ser tales ya tienen todas las trabas, como los vacíos legales, para concretar lo obvio: justicia. En este sentido, Muñoz-Najar narra con pericia y solvencia los sinuosos senderos que los familiares de las víctimas (Simona, Lisbeth, Tiffany y Karol) han tenido que esquivar en pos de la señalada justicia.
El fastidio es lo primero que se posiciona en la mente del lector de turno. No es para menos: los circuitos del sistema legal peruano fungen de aliados de la impunidad, y si a esta alianza le añadimos sus buenas dosis de prejuicio, la situación se vuelve mucho más jodida para los demandantes. Por ello, en estas páginas es posible detectar una patente indignación de la periodista, y es precisamente esta indignación presente en los silencios narrativos (de no haberlo hecho, estaríamos ante un texto muy distinto), la que eleva sus casos, la que los aleja de la fugacidad informativa para sustentarse en la perdurabilidad documental.
En cada caso somos testigos de logrados contrapuntos narrativos. Por un lado, la exposición de la historia familiar y sentimental de la víctima, y por otro, la administración de la información legal que se nos muestra para explicar sendos feminicidios. Hablamos de un recurso muy usado en reportajes y crónicas de largo y mediano alientos, y no pocas veces la tensión narrativa suele caer, y de estas caídas no se han salvado ni las plumas mundialmente reconocidas del periodismo y la no ficción. En este sentido, Muñoz-Najar, consciente del fin de su reportaje, sabe salir a tiempo del óbice, y se lo agradecemos, no porque nos facilite la lectura, sino porque ese es el camino hacia el cuestionamiento que busca el libro, un cuestionamiento que no debe quedar en la indignación pasiva.

… 

En SB.

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