jueves, septiembre 21, 2017

berrinche y bajeza

En la mañana de ayer miércoles, mientras realizaba unos papeleos en San Borja, ocurrió un espectáculo pestilente en el medio literario peruano, protagonizado, para variar, por sus nuevos protagonistas.
Lo he dicho más de una vez: el escritor peruano actual se encuentra en campaña y está dispuesto a no quedar fuera de esa galaxia del relevo que viene caracterizando a la narrativa peruana del siglo XXI. No importa cómo, pero tienes que estar allí, y en pos de ello, todo vale, incluso puedes meterte a esa galaxia por la puerta de servicio, pero lo jodido es que ni esa entrada te garantiza reconocimiento literario, porque para merecer tal galardón se necesita obra y obra coherente es lo que falta, situación que ahueva a muchos, que creen que fama es sinónimo de reconocimiento.
La narrativa peruana actual está infestada de famosos sin reconocimiento. Por eso vemos a sus protagonistas haciendo de las suyas en las redes sociales, como infatigables actuantes del parecer. Obvio, lo más fácil en el sinuoso sendero artístico es parecer, su puesta en escena no requiere de mucho esfuerzo, solo basta materializar una red de contactos y cerrar el hocico ante aquello que atente contra tus intereses de fama, sin importar que esta sea virtual, porque todos los caminos son válidos si se quiere alimentar el ego a costa de la literatura.
Una de las ramas del parecer es la paulatina práctica del escueleo, el escueleo del famoso escritor peruano. Es decir, el escueleo del Don Nadie. En lo personal, aceptaría (y eso) el escueleo si detrás del profesor de ocasión hubiera una obra reconocida, legitimada en el favor y la discusión del lector. Pero no. No hay eso. Hay mucho autor ahuevado que por ser la estrella de una editorial independiente o el fichaje de moda de un sello grande se alucina con el derecho de subestimar a los lectores. Si de escueleos hablamos, yo soy alumno de los libros de ensayos literarios de Miguel Gutiérrez, Alonso Cueto, Sergio Pitol, Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas, Mario Vargas Llosa... Lo demás es cachina.
Eso es lo que vi a destiempo en la mañana de ayer: la práctica del escueleo que se transforma en bajeza.
Dos protagonistas: Chalina suicida y Chiboliné du France.
La doble Ch.
Jack Martínez es buen escritor. Y en base a esta consideración, te digo lo siguiente, querido Jack: no la cagues más. Tu error es creer que siendo un chico bueno puedes ser bacán. Y no, ese no es el camino, sino mira el actual estado de nuestro común amigo/conocido “Mosquetero sucio”. Siendo como eres, un chico bueno, puedes llegar a escribir y publicar los Libros que más de uno espera de ti.
Del escueleo de Martínez, pasamos al escueleo de Chiboliné du France, es decir: el escueleo del escueleo.
Nuestro maestro de ceremonias de la posería literaria quiso llamar la atención a partir de un estado de face de Martínez. Sin embargo, esto fue insuficiente (no olvidemos que solo ChdF es capaz de superar a ChdF), su ego exigía más, su crítica a Chalina resultó un mero pretexto para el ataque, cumpliendo su intención: la ventilación de la bajeza, el cobarde maltrato a terceros que nada tenían que ver en su falso llamado de atención.
No es nada difícil entender esta actitud recurrente de ChdF. Veamos: sus estrategias de posicionamiento han fracasado una tras otra. Lo imposible, solo en la mente de ChdF, es posible: anhela ser profeta en su tierra, conseguir el reconocimiento que nadie quiere otorgarle, por esa razón somos testigos de frecuentes carpetazos cuando, a saber, no lo invitan a festivales (el Hay Festival de Arequipa), ni hablar de sus críticas a mafias literarias y culturales, cuando por lo bajo llama a editores de diarios para exigir un espacio de promoción (diarios que en su cuenta de face sindica de mafiosos y argolleros, por demás). ChdF no se ha dado cuenta de que los peruanos somos intuitivos para detectar la atorrantada, es decir, sabemos diferenciar el chancho del chicharrón. También sabemos reconocer su mentira, aquella que no se cansa de ventilar: su novela La procesión infinita la rompe en ventas cuando en realidad los ejemplares de la misma son torres que sirven de apoyo si alguien quiere amarrarse las tabas (hay que calmar a la pequeña bestia: conozco escritores que en un día han vendido más que ChdF en tres meses de esmerada promoción). No se ha enterado del verdadero poder de la Radio Bemba, o en todo caso se hace el huevón: el lector manifiesta su veredicto y contra ello no se puede hacer nada. Es que ChdF no busca lectores, busca acólitos. ChdF no aspira a narrar, su objetivo es ser narrador.
Más: días atrás nos informó, muy a su estilo, de la existencia de un artículo en el que se destacaba la “valía” literaria de su novela (bien por ChdF), sin embargo, hubiera consignado la información de que tanto el autor del texto y él pertenecen al mismo sello editorial (ver aquí), cosa que desechábamos cualquier sospecha de trabajo/arreglo bajo la mesa, arte en el que nuestro Piquichón ha demostrado ser muy eficiente. Pero donde ha destacado como todo un capo, un experto, un gigante, un crack, es en el arte del berrinche. No lo vamos a negar: sus pataletas son graciosas. 
Dicho esto, espero que mi causa ChdF recapacite, se porte como un caballero, pida las disculpas respectivas (aunque sea por inbox) y así olvidemos este bochornoso capítulo… Haremos ese esfuerzo.

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